martes, 16 de mayo de 2017

Demostrada la eficacia de una nueva vía terapéutica para evitar la progresión del cáncer de pulmón

A día de hoy se han identificado numerosos tipos de cáncer que, entre otras características comunes, comparten la capacidad de potenciar la acción de las enzimas responsables de fosforilar –esto es, de añadir grupos fosfato– las proteínas. Un mecanismo que, denominado ‘fosforilación’, es básico para regular la actividad de las proteínas tumorales y, en consecuencia, para promover el crecimiento y proliferación del propio tumor. Sin embargo, y para que esta fosforilación sea efectiva, los tumores también tienen que desactivar –o inhibir– las enzimas que, como la PP2A, desmantelan este mecanismo al ‘retirar’ el fosfato de las proteínas. Y llegados a este punto, ¿hay disponible algún fármaco que reactive esta PP2A inhibida por las células cancerígenas? Pues por el momento, no. Pero investigadores de la Universidad Case Western Reserve en Cleveland (EE.UU.) parecen haber encontrado el primer fármaco capaz de hacerlo, abriendo así la puerta al desarrollo de terapias para prevenir el desarrollo de un gran número de tumores. 
Como explica Goutham Narla, director de esta investigación publicada en la revista «The Journal of Clinical Investigation», «todos los fármacos que utilizamos en la actualidad para tratar a los pacientes con cáncer actúan sobre unas enzimas que, denominadas ‘quinasas’, unen moléculas de fosfato a las proteínas. Pero igual de importantes son las enzimas que, en lugar de añadir, retiran este fosfato. Es el caso de PP2A, que actúa como supresor tumoral y es desactivada en la mayoría de los tipos de cáncer. Una desactivación que es esencial para que una célula normal se convierta en maligna».

Contrarrestar la inhibición tumoral

En el estudio, los autores han identificado una molécula capaz de activar la enzima PP2A, responsable de retirar los grupos fosfato adheridos a las proteínas del tumor. Como indica Goutham Narla, «existen varias vías indirectas que han demostrado actuar sobre este tipo de enzimas, pero el nuestro es el primer ejemplo de activación directa de una de las mismas. Y es que esta ‘pequeña molécula’ o fármaco es capaz de unirse y activar PP2A».Y esta reactivación de PP2A, ¿tiene algún efecto sobre el crecimiento del tumor? Pues sí. Los autores utilizaron un modelo animal –ratones– al que trasplantaron células de cáncer de pulmón. Y posteriormente, le administraron el nuevo fármaco experimental durante un periodo de cuatro semanas. El resultado es que, gracias a la labor de la PP2A reactivada, se redujo, y mucho, la probabilidad de que los animales acabarán desarrollando un tumor en el pulmón. Todo ello, además, sin sufrir muchos de los efectos secundarios típicos de los tratamientos convencionales.
Como refieren los autores, «los ratones en los que se inyectó el fármaco tuvieron menos tumores de pulmón y no experimentaron la pérdida de peso o las anomalías de comportamiento asociadas a otros medicamentos anticancerígenos. En estos modelos animales, el fármaco tuvo una efectividad comparable a la de las combinaciones terapéuticas ya disponibles para frenar la progresión del cáncer de pulmón».
Así, como destaca el director de la investigación, «nuestros hallazgos podrían tener una aplicación en el tratamiento de un gran número de tumores humanos, incluido el cáncer de pulmón tal y como se demuestra en nuestro estudio».

División de una célula de cáncer de pulmón
División de una célula de cáncer de pulmón  - ARCHIVO

Es peligroso adornar con rodajas de cítricos las bebidas


La costumbre de adornar diversas bebidas con rodajas de limón, naranja u otros cítricos, puede abrir la puerta a diversas enfermedades microbianas, alertaron científicos. 

El problema no se encuentra en la fruta en sí misma, sino en las deficientes condiciones de higiene que existen en muchos establecimientos, encontró una investigación publicada por el Journal of Environmental Health. 

La indagación se basó en muestras de rodajas de limón en 21 restaurantes y determinó que 70 por ciento de ellas mostraron alguna clase de crecimiento de 25 especies de microbios. Los microbios encontrados tienen la capacidad de generar enfermedades infecciosas en diversas partes del cuerpo, aunque no se estudió la probabilidad de que ocurrieran, señaló el trabajo. 


El experto en microbiología y patología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Nueva York, Philip Tierno, dijo que sus propias observaciones concuerdan con los resultados que publicó el Journal of Environmental Health. 

En mis observaciones hallé trazas de E. coli, enterococos y norovirus, precisó.

La contaminación puede generarse cuando los clientes tocan las rodajas de fruta, cuando son cortadas y almacenadas y luego colocadas en los vasos o copas, añadió. Y también puede suceder que a pesar de que la fruta sea lavada, el personal de los establecimiento no lo haga de manera adecuada. 

El alcohol de las bebidas puede matar algunas clases de bacterias, pero para que suceda debería de tratarse de alcohol en estado puro, y en todo caso, no mata a los virus.

lunes, 15 de mayo de 2017

¿Tu hijo se muerde las uñas? A lo mejor no le debes regañar

"Un estudio asocia este hábito y el de chuparse el dedo con un menor riesgo de sensibilización atópica, aunque no de asma ni de alergia al polen". 

¿Tu hijo se muerde las uñas? A lo mejor no le debes regañarA pesar de su elevadísima frecuencia, poco se sabe sobre las causas de las alergias y el asma. ¿Por qué algunos niños (y adultos) las sufren y otros no? ¿Por qué las diferentes intensidades? ¿Por qué son más frecuentes en los pequeños urbanitas que en los de poblaciones rurales? 

Este último dato es el que hizo al epidemiólogo británico David Strachan formular en 1989 la llamada hipótesis de la higiene. Ésta afirmaba que el hecho de que los niños se enfrentaran a menos infecciones en la infancia -por una menor exposición a los microbios debida a la mejor higiene- que explicaba que fueran más sensibles a las alergias y al asma. 

Ahora, investigadores de la Universidad de Otago (Nueva Zelanda) y la McMaster University (en Canadá) han ido un paso más allá y se han preguntado si una forma de revertir este efecto es uno de los hábitos que los padres más tratan de corregir en sus retoños: el de comerse las uñas y el de chuparse el dedo. 

Para averiguarlo, diseñaron un estudio -publicado en la última edición de Pediatrics- que revisaba a alrededor de 1.000 niños desde su nacimiento hasta que cumplieron 32 años. Preguntaron a sus padres si sus hijos se chupaban el dedo o se mordían las uñas a las edades de 5, 7, 9 y 11 años, y compararon las respuestas con la presencia de sensibilización atópica -o alergia a uno o más alergenos comunes, como el pelo de los gatos o el polvo-, alergia al polen o asma.

El 31% de los niños eran adictos a estos hábitos y todos mostraron un menor riesgo de sufrir alergias en general -no la específica al polen que se expresa en primavera- que aquellos que no se metían los dedos en la boca. Ese menor riesgo se observó a los 13 años y también a los 32. Curiosamente, el efecto era mayor en los adultos que de pequeños habían sido adictos a los dos hábitos que aquellos que sólo practicaban uno. 

Sin embargo, morderse las uñas o chuparse el dedo no protegía ni frente al asma ni frente a la típica alergia primaveral. 

Uno de los autores de la investigación, declaró a la BBC que esto no significa que haya que dar vía libre a los niños para hacer ahora lo que siempre se les ha intentado corregir: "Aunque no recomendamos que se fomenten estos hábitos, parece que, al menos, tienen un lado positivo".


Cuatro nuevos tipos de células de la sangre revolucionan la inmunología

"Gracias a técnicas genéticas, se ha logrado identificar subtipos de glóbulos blancos nunca definidos hasta la fecha."

En la sangre humana existen multitud de células, cada una con una función determinada y necesaria: los glóbulos rojos o hematíes, los glóbulos blancos o leucocitos y las plaquetas. Precisamente este segundo grupo, los leucocitos, son los más diversos, ya que son los representantes del sistema inmune del cuerpo humano. Entre ellos podemos encontrar linfocitos, monocitos, neutrofilos, basófilos o eosinófilos.

Cada uno de estos tipos de leucocitos o glóbulos blancos aumentan en cantidad según la situación: en una infección por un virus -como la gripe o el resfriado común, a través de la alergia...

Recreación de una de las nuevas células.Hasta ahora se creía que todos los tipos de leucocitos estaban registrados y sus funciones bien conocidas. Sin embargo, un nuevo estudio publicado en Science afirma que no: existen cuatro tipos de células sanguíneas, leucocitos o glóbulos blancos, jamás vistas hasta ahora.

Hasta ahora, las células de la sangre se identificaban según las proteínas de su superficie, una técnica que podía dar lugar a errores, ya que si se trata de una célula rara puede pasar desapercibida. Ahora, los investigadores han usado una nueva técnica basada en la genómica: han analizado detalladamente los diferentes genes de cada célula de la sangre. 

Gracias a dicha técnica se han identificado cuatro clases de glóbulos blancos diferentes: dos nuevas células dendríticas y dos nuevos monocitos.

Por un lado, las células dendríticas tienen como misión conectar el sistema inmune "innato" -las defensas de la piel y otras membranas- y el sistema inmune "adaptativo" -sistema especializado que mejora cada vez que se sufre una infección, recordandóla para poder vencerla de nuevo-. En este caso las células dendríticas cogen un "trozo" del microorganismo que causa la infección y se lo "enseñan" a otras células del sistema inmune, las células T, con el objetivo de "educarlas" para que puedan cazar y matar al microorganismo causante de la infección.

Por otro lado, los monocitos son un tipo de glóbulo blanco cuya misión, esencialmente, es acabar convirtiéndose en otro tipo de célula: los macrófagos, células responsables de "comerse" y "digerir" los microorganismos, para posteriormente expulsarlos fuera del cuerpo humano.

Por el momento los investigadores tan solo pueden afirmar que han descubierto estos nuevos tipos de células inmunes o glóbulos blancos, pero no han podido averiguar cuál es la función de dichas células en el cuerpo humano.

domingo, 14 de mayo de 2017

Identificado el primer gen asociado al desarrollo del síndrome de Tourette

Conocer las bases genéticas del síndrome de Tourette facilitará el desarrollo de tratamientos efectivos



El síndrome de Tourette es un trastorno neurológico complejo y hereditario caracterizado por la presentación de tics motores y vocales totalmente involuntarios. Un trastorno que, según las estimaciones, padece una de cada 2.000 personas y para el cual no existen tratamientos demasiado eficaces, fundamentalmente porque las causas –sobre todo genéticas– que lo desencadenan permanecen aún desconocidas. De ahí la importancia de un nuevo estudio dirigido por investigadores de la Universidad de California en San Francisco (EE.UU.), en el que se describe el primer gen directamente asociado al desarrollo del síndrome de Tourette –y se identifican otros tres genes candidatos que, muy probablemente, también se encuentran implicados en su aparición.
Como explica Matthew State, co-director de esta investigación publicada en la revista «Neuron», «en la práctica clínica veo continuamente la frustración que experimentan los pacientes y sus familias ante nuestra falta de conocimientos sobre el trastorno y las limitaciones de los tratamientos disponibles. Pero ahora, y gracias las nuevas tecnologías genómicas y a una larga y exitosa colaboración entre los médicos y los genetistas, hemos dado un primer gran paso para cambiar esta realidad. Y es que nuestros resultados suponen un avance en el conocimiento de la biología de este síndrome, lo que facilitará la búsqueda de mejores tratamientos».

Genes candidatos

Para llevar a cabo el estudio, los autores han aplicado un modelo de investigación que ha posibilitado notables avances en los últimos cinco años en el conocimiento de las bases genéticas de los trastornos del espectro autista (TEA). Concretamente, lo que hicieron fue comparar las regiones codificantes de proteínas del genoma de niños con síndrome de Tourette con las de sus padres –con o sin el trastorno– para, así, identificar la presencia de mutaciones genéticas ‘de novo’, es decir, no heredadas sino generadas de forma espontánea.
Como indica Jeremy Willsey, co-director de la investigación, «las variantes ‘de novo’ suelen tener efectos biológicos más fuertes que las variantes heredadas que se transmiten a través de las generaciones. Así, y si bien son ciertamente raras, hemos estudiado estas variantes ‘de novo’ porque suelen conllevar efectos ‘extremos’ y pueden ofrecernos mucha información sobre las causas subyacentes de una enfermedad».
Finalmente, los autores cogieron sus resultados y recurrieron a las grandes bases de datos genéticos sobre el síndrome de Tourette –entre otros, el Consorcio Internacional para la Genética del Síndrome de Tourette (TSAICG)– con objeto de identificar a aquellos genes con mayor riesgo de desencadenar el síndrome. Y lo que observaron es que la presencia de variantes en el gen ‘WWC1’ –o gen ‘KIBRA’, implicado en el desarrollo cerebral, la memoria y la respuesta cerebral a los estrógenos– se asocia a una probabilidad superior al 90% de contribuir a la aparición del trastorno.
Es más; los autores también identificaron otros tres genes cuyas variantes, si bien con una probabilidad cercana al 70%, parecen igualmente contribuir al desarrollo del síndrome: los genes ‘FN1’ y ‘CELSR3’, implicados en el desarrollo de los circuitos cerebrales; y el gen ‘NIPBL’, implicado en la regulación de la expresión génica en el cerebro y ya asociado con otros trastornos neurológicos en humanos –entre otros, el síndrome de Cornelia de Lange, el trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) y el trastorno obsesivo-compulsivo.

sábado, 13 de mayo de 2017

La vitrificación de ovocitos como método para preservar la fertilidad de la mujer

Retrasar la edad en la que una mujer decide ser madre se ha convertido, más que en una tendencia, en una realidad social. Aquellas que toman la decisión de tener hijos suelen hacerlo más cerca de los 40 que de los 30 años por distintos motivos. Algunas incluso se ven obligadas a ello como consecuencia de ciertos tratamientos médicos.

Sin embargo, la naturaleza va por otro lado y se encarga de recordar que lo óptimo, a efectos biológicos, es tomar la decisión mucho antes.

[Img #43708]Este escenario ha convertido a la vitrificación de ovocitos en la técnica más usada cuando se decide posponer el embarazo, ya sea por motivos personales o médicos. De hecho, nació como método de preservación de la fertilidad para aquellas mujeres que iban a someterse a una cirugía de ovarios o a tratamientos oncológicos. No obstante, los profesionales de la reproducción asistida advierten que la edad a la que se congelan los óvulos es un factor de extrema importancia, tal y como han recordado durante las primeras sesiones del Congreso Internacional del IVI que celebra esta semana en Bilbao su séptima edición.

La mujer nace con cerca de un millón de ovocitos, un número que comienza a disminuir antes de la pubertad, quedando entonces en unos 400.000. En cada ciclo menstrual ese número se reduce en 1.000.

“A partir de los 35 años, esta reserva ovárica ya está en casi el 10 % del total y la calidad de los óvulos es peor. Nos encontramos con que una mujer de 40 años apenas tiene óvulos buenos para gestar un niño sin fallos reproductivos y o cromosómicos”, asegura el profesor José Remohí, copresidente y fundador de Instituto Valenciano de Infertilidad (IVI).

El sentido del olfato del ser humano es tan bueno como el de los animales

Nos han hecho creer que el sentido del olfato humano es peor que el de los animales y que de ninguna manera podemos competir con perros y roedores, algunos de los mejores olfateadores del reino animal.
Sin embargo, un artículo de revisión, publicado en la revista Science esta semana por el neurocientífico John McGann, del departamento de Psicología de la Universidad de Rutgers-New Brunswick (Nueva Jersey, EE UU), indica que esta idea “se basa más en un viejo mito que en una hipótesis basada en hechos”.

Durante los últimos 14 años, McGann ha estudiado el sistema olfativo y ha revisado las investigaciones existentes sobre el tema. Para ello, ha examinado los datos y profundizando en los escritos históricos que llevaron a establecer la antigua concepción errónea de que este sentido es inferior en los humanos, debido al tamaño del bulbo olfatorio.

[Img #43692]
"La realidad es que nuestro sentido del olfato es tan bueno como el de otros mamíferos, como por ejemplo, roedores y perros. Los seres humanos pueden discriminar en torno a un billón de olores diferentes”, agrega. Esto es mucho más que lo que han afirmado libros de psicología mal fundamentados y la sabiduría popular, que han insistido durante mucho tiempo en que solo podemos detectar unos 10.000 olores diferentes.
  
"Ha existido una amplia creencia cultural de que una persona razonable o racional no se podía dejar dominar por el sentido del olfato", añade. "El olor estaba más ligado a una percepción animal".
Lo cierto es que el bulbo olfatorio humano, que envía señales a áreas del cerebro para ayudar a identificar olores, es bastante grande y similar en el número de neuronas al de otros mamíferos, según el experto.

En los escritos de Broca de 1879, se afirmaba que el menor volumen del área olfativa comparado con el resto del cerebro significaba que los seres humanos tenían libre albedrío y no tenían que depender del olfato para sobrevivir y mantenerse vivos como los perros y otros mamíferos. Pero en realidad, no hay apoyo para la idea de que un bulbo olfatorio más grande aumente el sentido del olfato. "Los perros pueden ser mejores que los humanos en diferenciar el olor de orina y los humanos en saber reconocer el aroma de un buen vino, pero pocas de estas comparaciones tienen apoyo experimental real", destaca.

La idea de que no tenemos las mismas habilidades olfativas que los animales se ha mantenido a largo de los años, a causa de algunos estudios genéticos que descubrieron que las ratas y ratones tienen genes para alrededor de 1.000 diferentes tipos de receptores que se activan por olores, comparados con los 400 que tienen los humanos.Pero el neurocientífico opina que el hecho de que los humanos tengan una cifra menor de receptores no significa automáticamente que tengan un peor sentido del olfato. El problema es que el olfato es mucho más importante de lo que pensamos. "Influye en gran medida en el comportamiento humano, suscita recuerdos y emociones, y forma percepciones”, subraya.

Según McGann, este sentido desempeña un papel importante, a veces inconsciente, en cómo percibimos e interactuamos con otros o seleccionamos pareja. También nos ayuda a decidir qué nos gusta comer. Y cuando se trata de manejar experiencias, puede ser un desencadenante en la activación del trastorno por estrés postraumático.

El olfato puede comenzar a deteriorarse como parte del proceso de envejecimiento."Algunos estudios indican que la pérdida del sentido del olfato puede ser el inicio de problemas de memoria y enfermedades como el alzhéimer y el párkinson", dice McGann.