jueves, 10 de mayo de 2018

"Oncología desesperada": inmunoterapia como último recurso

Oliver Sartor suele hacerle una pregunta retadora a los pacientes que ya no tienen mucho tiempo. La mayoría de ellos están muriendo de cáncer de próstata y han probado todos los tratamientos estándar. Los nuevos medicamentos de inmunoterapia, que pueden lograr milagros en el tratamiento de algunos tipos de cáncer, no son conocidos por funcionar en esos casos. Sin embargo, Sartor, vicerrector de Oncología en la Escuela de Medicina Tulane, le plantea a los pacientes si quieren intentar la inmunoterapia antes de morir. La probabilidad de que ese medicamento les ayude es remotamente pequeña, pero no nula. En las reglas de la oncología desesperada, recurres a un tipo de oncología distinto del que se basa en lineamientos racionales. La promesa de la inmunoterapia ha llevado a los oncólogos a un dilema. Cuando estos medicamentos funcionan, parece que el cáncer se disuelve de un día para otro. Sin embargo, se sabe poco sobre cuáles son los pacientes que podrían beneficiarse y con qué medicamentos. Algunos oncólogos eligen no mencionar la inmunoterapia a sus pacientes desahuciados, pues argumentan que los científicos primero deben recopilar evidencia rigurosa sobre los beneficios y los inconvenientes, y que tratar a los pacientes de manera experimental fuera de un estudio clínico es arriesgado. Otros, como Sartor, ofrecen los medicamentos a los pacientes terminales apelando a la suerte. Si un paciente está muriendo y hay una posibilidad remota de que un medicamento lo ayude, ¿por qué no intentarlo? La inmunoterapia es un problema con muchas aristas, dijo Paul Helft, especialista en Ética y Oncología de la Escuela de Medicina de la Universidad de Indiana. Los oncólogos están muy conscientes de los riesgos de dar cierto tratamiento a los pacientes antes de contar con toda la evidencia. Muchos aún se estremecen por el fiasco ocurrido en las décadas de los ochenta y los noventa, cuando los médicos comenzaron a dar a las mujeres con cáncer de mama dosis extremadamente altas de quimio y radioterapia, según la teoría de que más sería mejor. Los médicos no recolectaron datos de manera sistemática; en cambio, informaban anecdóticamente sobre sus pacientes y declaraban tener éxito. Luego un estudio clínico descubrió que este tratamiento era mucho peor que el convencional: el cáncer seguía siendo igual de mortal cuando se trataba con dosis altas, pero el tratamiento mismo mataba o minaba a las mujeres. No obstante, la inmunoterapia no es como ningún otro tratamiento contra el cáncer. Puede funcionar sin importar el tipo de tumor que tenga una persona. Todo lo que importa es que el sistema inmunitario pueda ser entrenado para considerar a un tumor como un invasor. Los tumores tienen mutaciones que los salpican de proteínas extrañas. Los leucocitos del sistema inmunitario tratan de atacar, pero los repele un escudo molecular creado por los tumores. Los nuevos medicamentos permiten que los leucocitos perforen ese escudo y destruyan los tumores. La semana pasada se presentó otro ejemplo del sorprendente poder de este enfoque. Los pacientes con cáncer pulmonar que normalmente solo habrían recibido quimioterapia vivieron por más tiempo cuando se añadió a su tratamiento la inmunoterapia, según informaron investigadores que realizaron un estudio clínico. Sin embargo, estos medicamentos son exorbitantemente costosos. Uno que Sartor usa con frecuencia cuesta 9000 dólares la dosis, si se emplea una vez cada tres semanas, y 7000 dólares si se usa una vez cada dos semanas. A menudo, él y otros doctores convencen a la aseguradora de un paciente de pagar. Si no lo logran, a veces el fabricante proporciona el medicamento gratis. Los medicamentos de inmunoterapia pueden tener efectos colaterales graves que incluso pueden conducir a la muerte. Una vez que se activa el sistema inmunitario, este puede atacar a los tejidos normales igual que lo hace con los tumores: puede haber perforaciones en los intestinos, deterioro hepático, daño nervioso causante de parálisis, urticaria severa y problemas oculares, así como problemas en las glándulas pituitaria, suprarrenal o tiroides. Los efectos colaterales pueden surgir durante el tratamiento o cuando este ha concluido. Aun así, la mayoría de los pacientes no presentan efectos adversos o tienen solo algunos leves. Eso implica que dar un medicamento de inmunoterapia a un paciente moribundo es distinto a probar una quimioterapia experimental extrema o un tratamiento como la radiación intensa. El problema está en decidir con anticipación si un medicamento de inmunoterapia va a funcionar. Los doctores revisan los biomarcadores, señales químicas como las proteínas que surgen cuando el sistema inmunitario está intentando atacar, pero no son muy confiables. Uno de los primeros pacientes a los que Sartor trató con inmunoterapia fue George Villere, un asesor de inversiones retirado que vivía en Nueva Orleans. Villere tenía cáncer de vejiga y había recibido quimioterapia. No había funcionado, así que Sartor le dijo que ya no le quedaban opciones convencionales y le preguntó si querría intentar con la inmunoterapia. En ese entonces, esos medicamentos no habían sido aprobados para el cáncer de vejiga. Villere y su esposa, Fran, lo pensaron; se preguntaban si se arrepentirían si no lo intentaban. “Pensé que sí lo haríamos”, recordó Fran Villere en una entrevista. Su aseguradora estuvo de acuerdo en pagar y George Villere tomó el medicamento durante varios meses. A pesar de ello, murió el 15 de noviembre de 2016, a los 72 años.

Descubren un nuevo mecanismo de regulación inmune utilizado por los virus



Un estudio liderado por CSIC) (España) ha identificado una estrategia empleada por una familia de virus, los poxvirus, para bloquear la respuesta inflamatoria y la respuesta inmune. "Un mejor entendimiento de los mecanismos de evasión inmune por virus altamente virulentos puede enseñarnos nuevos trucos para mejorar los medicamentos’.

El estudio, que se publica en la revista Nature Communications, se ha realizado en ratones con el modelo de la viruela, una de las enfermedades más virulentas a las que se ha enfrentado el ser humano (causó la muerte de millones de personas antes de su erradicación) y la primera enfermedad infecciosa erradicada mediante un programa global de vacunación en 1980. “Hemos descubierto que los poxvirus utilizan una estrategia única. Producen una copia de los receptores celulares del factor de necrosis tumoral (TFN) para inhibir la respuesta inmune”.

El TFN está implicado en el inicio y la coordinación de la respuesta inflamatoria y tras unirse a receptores específicos activa células inmunes necesarias para la defensa ante las infecciones. En ocasiones se produce de forma incontrolada y causa una activación crónica de la respuesta inflamatoria que da lugar a enfermedades autoinmunes. Los inmunólogos descubrieron hace años que se pueden utilizar versiones solubles de los receptores de TFN para tratar enfermedades autoinmunes.

El trabajo demuestra que los virus utilizan un mecanismo similar para bloquear la respuesta inmune pero lo hacen con una mejora y optimización de los receptores celulares del TFN añadiendo un nuevo dominio, denominado SECRET.  Al bloquear las quimioquinas, los virus consiguen que las células inmunes no se dirijan a los tejidos infectados y de esta forma inhiben una respuesta inflamatoria.

El mecanismo combinado contra quimioquinas y el factor de necrosis tumoral, ideado por estos virus, hace que al eliminar la proteína viral pierda la batalla contra el sistema inmune y el virus sea incapaz de causar la enfermedad. De esta forma, el efecto antiinflamatorio de los receptores del TFN se ve potenciado.

El estudio, que inició Alcamí hace más de 10 años cuando trabajaba en la Universidad de Cambridge (Reino Unido), revela según los científicos que la estrategia viral se podría trasladar al campo de la medicina clínica añadiendo el dominio SECRET a los receptores del TFN que se utilizan actualmente como medicamentos para frenar una respuesta inmune excesiva y tratar enfermedades autoinmunes.

Los microorganismos del plancton se organizan entre sí en comunidades complejas


Científicos de la Universidad de Granada (UGR) (España) y el Massachusetts Institute of Technology (MIT) (EEUU) han demostrado que los microorganismos que habitan en el plancton marino tienen una ajetreada ‘vida social’, y se organizan entre sí en comunidades complejas, aunque de vida muy corta y rápidamente cambiantes.

El mar está repleto de microbios, aunque representa un medio muy hostil para ellos, ya que tiene una baja concentración de nutrientes y es muy cambiante (a distintas escalas de espacio y tiempo). Ante esta situación adversa, los microorganismos del plancton, en vez de desarrollar un modo de vida solitario, se coordinan entre sí para formar comunidades biológicas complejas, una unidad.

Como explica uno de los autores de esta investigación, “en cada gota de agua de mar viven cientos de miles de seres vivos invisibles: los microorganismos. Son invisibles al ojo humano debido a su pequeño tamaño. Estos seres vivos diminutos, a pesar de su pequeño tamaño, son responsables del bienestar del plantea regulando procesos como, por ejemplo, los niveles de CO2 atmosférico...

En el mar se ven sometidos a un ambiente cambiante y heterogéneo, por lo que hasta ahora se desconocía hasta qué punto estos microorganismos son capaces de organizarse y vivir como una comunidad o si por el contrario viven y se desarrollan de forma solitaria o en pequeños grupos.

En este artículo, publicado en la prestigiosa revista Nature Communications, Martín Platero y sus colaboradores muestran cómo esta gran cantidad de microorganismos forman comunidades complejas pero definidas, sometidas a una tasa de recambio, cada pocos días desaparecen las comunidades existentes y vuelven a aparecer comunidades nuevas formadas por otros microorganismos distintos.

Martín Platero realizó este trabajo con muestras de la costa de Massachusetts tomadas durante 93 días consecutivos, entre los meses de julio y octubre de 2010.

“Estos resultados son de gran relevancia para entender las redes tróficas, puesto que organismos de mayor tamaño van a encontrarse con numerosos grupos microbianos, entre los que podría haber patógenos u otros microorganismos perjudiciales. Además pone de manifiesto la necesidad de un muestreo frecuente en aguas costeras recreativas o de actividad comercial para una correcta evaluación de la exposición a potenciales peligros microbiológicos”.

Las sustancias anticáncer de una rara planta de Madagascar


Unos científicos han efectuado los pasos más cruciales en una búsqueda que dura 60 años para desentrañar la compleja química de la planta de la especie Catharanthus roseus, un avance que abre la puerta hacia una posible síntesis rápida de compuestos para la lucha contra el cáncer.

Un equipo del laboratorio de la profesora Sarah O'Connor, del Centro John Innes en el Reino Unido, ha conseguido, después de 15 años de trabajo, localizar en el genoma de la citada planta los últimos genes que estaban pendientes de ser encontrados y que están dedicados a la elaboración de una sustancia clave: la vinblastina.

La vinblastina es un valioso producto natural que se ha utilizado como fármaco anticáncer desde que se descubrió en la década de 1950, gracias a un equipo de investigación canadiense.

Hasta ahora, no se conocían por completo los complejos mecanismos químicos que utiliza la planta para la producción de la vinblastina. Como consecuencia de ello, el acceso a esta sustancia capaz de prolongar la vida ha venido resultando muy laborioso, pues se necesitan aproximadamente 500 kilogramos de hojas deshidratadas para producir 1 gramo de vinblastina.

Pero ahora, gracias al nuevo estudio, llevado a cabo por el equipo de Lorenzo Caputi y en el que se utilizaron técnicas modernas de secuenciación genómica para identificar los genes que faltaban, esa situación está a punto de cambiar drásticamente.

Con la nueva y reveladora información ahora disponible, será posible intentar incrementar la cantidad de vinblastina producida ya sea en la planta o mediante la colocación de genes sintéticos en anfitriones distintos, como otras plantas o incluso levaduras.

Como coloniza el intestino un tipo de bacterias beneficiosas


Segun un nuevo estudio en ratones, existe un tipo de bacteria beneficiosa que se aloja en el intestino usando una proteina producida por el sistema inmunitario del huesped. Estos descubrimientos introducen una nueva funcion de esta proteina, llamada ≪inmunoglobulina A≫ (IgA), cuyos efectos tipicamente se estudian en el contexto de una infeccion, en la que ayuda a eliminar patogenos.

Bacteroides fragilis es un importante miembro de la flora intestinal humana, con pruebas que sugieren que ayuda a aliviar los sintomas inflamatorios en modelos animales. En un estudio reciente, se descubrio que la B. fragilis excretada en las heces esta unida a la IgA.

En este estudio, Gregory Donaldson et al. buscaron explorar en mayor profundidad esta relacion. Anteriormente, los investigadores habian descubierto un gen en B. fragilis, el gen de CCF (≪factores de colonizacion comensal≫ o, en ingles, commensal colonization factors), esencial para que estas bacterias arraiguen en los intestinos.


Mediante una serie de experimentos, los investigadores analizaron como este gen ayuda a las bacterias a colonizar la mucosa que recubre el intestino. Entre otros descubrimientos, los investigadores informaron que, en ratones incapaces de producir IgA, la microscopia revelo que B. fragilis no se acumulaba en la mucosa intestinal.

Los autores citan otras investigaciones que demuestran que las bacterias recubiertas de IgA de humanos sanos protegen a los ratones de las enfermedades, mientras que las mismas bacterias de individuos con enfermedades inflamatorias intestinales o deficiencias nutricionales agravan estas patologias en los ratones.

Por esta razon los autores sugieren que, en un cuerpo libre de enfermedades, la IgA promueve la colonizacion de microbiota con propiedades beneficiosas, mientras que una enfermedad podria ser provocada por las respuestas de la IgA frente a los patogenos que alteran un microbioma saludable, o la enfermedad misma podria ser la que induzca estas respuestas.

¿El ser humano se domesticó a sí mismo?

La ‘domesticación’ es un término que inevitablemente asociamos a la raza animal. Según una de las definiciones de la Real Academia Española, esta se define como un proceso por el cual se reduce, acostumbra a la vista y compañía del hombre al animal fiero y salvaje. No obstante, la segunda y última de las descripciones dice así: “Hacer tratable a alguien que no lo es, moderar la aspereza de carácter”.

En este sentido, podríamos aplicar dichas concreciones a todo el proceso de evolución del ser humano. La autodomesticación de las personas es una de las hipótesis que se ha barajado para dar explicación a este modo de adaptación de la especie, en la que los propios humanos habrían seleccionado solo a aquellos sujetos que tuviesen un comportamiento más social.
Según un estudio de la Universidad de Barcelona, existe evidencia genética de este proceso evolutivo. 
 
El proyecto se ha basado en la comparación del genoma humano con el de otras especies domesticadas, así como el de sus equivalentes salvajes. El objetivo principal ha consistido en encontrar las coincidencias genéticas relacionadas con el término de domesticación, como por ejemplo, una fisonomía más sutil o la docilidad. Los resultados de estas pruebas revelan un número significativo de genomas relacionados con el sometimiento a una conducta social coincidente entre humanos y animales, pero no con sus respectivos salvajes (como podría ser el hombre del Neandertal, en el caso de las personas). Con todo ello, se refuerza la idea de la autodomesticación humana, pues las conclusiones extraídas de la investigación ayudan a revelar información sobre uno de los aspectos que refuerzan la condición humana, el instinto social.

El director la investigación, Cedric Boeckx, explica que “uno de los motivos que llevó a los científicos a decir que los humanos se domesticaron ellos mismos reside en el comportamientonuestras capacidades de cooperación y la conducta social son rasgos esenciales de la cognición moderna”.

Para confirmar los resultados y descartar las coincidencias aleatorias, los investigadores utilizaron otras medidas estadísticas, como por ejemplo grupos control. Los genes de los humanos modernos se compararon también con el genoma de los grandes simios, pero no preentaron relación alguna. Según Boeckx, “parece que hay una interacción ‘especial’ entre los humanos y los animales domésticos, lo cual vemos como evidencia de la autodomesticación”.
Los investigadores señalan que aún se necesitan más experimentos para saber qué rasgos anatómicos, cognitivos y conductuales están relacionados con estos genes, pues por el momento, lo que se ha conseguido es reducir el conjunto de genes que se deben analizar experimentalmente.

Parásitos de parásitos de parásitos

Todo comienza en las orugas de la mariposa de la col. Felices e ignorantes de lo que les aguarda, las orugas se alimentan de hojas de la familia de las crucíferas, como la col. En respuesta a los bocados, las plantas emiten compuestos volátiles, que nosotros interpretamos como “aroma”, pero que son una señal de alarma para las plantas vecinas.

Debido a esta señal de alarma, llegan las avispas Cotesia rubecula y Cotesia glomerata. En cuanto detectan el aroma adecuado, descienden hasta las plantas y atacan a las orugas depredadoras. En concreto, usan un aguijón como aguja hipodérmica para introducir los huevos fecundados de sus crías en el cuerpo de las orugas. Estas crecen dentro del animal, alimentándose de él y trastocando incluso su metabolismo. Esto convierte a esta avispa en un parasitoide: es decir, en un parásito que pone sus huevos en otros animales a los que acaba matando.
Pero la oruga tiene una terrible venganza preparada, sin siquiera saberlo. Una investigación publicada recientemente en Proceedings of the National Academy of Siences ha demostrado que cuando las avispas «pican» a las orugas, les inyectan un virus que protege a las crías frente al sistema inmune de los lepidópteros. El problema es que este virus inyectado cambia la saliva de las orugas y lleva a que el olor liberado por las coles sea distinto. Este «nuevo» aroma alerta a otra avispa asesina. Esta no ataca a la oruga, sino a las otras avispas. Se trata de la avispa Lysibia nana, que pone sus huevos dentro de los huevos de la primera avispa, lo que la convierte en un hiperparasitoide.

Los huevos que crecen dentro de las orugas y puestos por las parasitoides se desarrollan y permiten que las larvas formen capullos que emergen de la piel de las orugas. Después, las avispas hiperparásitas ponen sus huevos dentro de los capullos, permitiendo que sus crías se alimenten de las otras. El resultado final es digno de un cruce entre las películas «Alien» y «Origen».

Los estudios han mostrado que las dos avispas parasitoides C. rubecula y C.glomerata no producen el mismo aroma. La avispa hiperparasitoide L. nana prefiere a la segunda, C. glomerata, que además es atacada por hasta cuatro especies de avispas hiperparasitoides. Mientras tanto, la avispa C. rubecula pasa relativamente desapercibida, gracias a que produce un aroma menos atractivo.
Por si fuera poco complicado, resulta que hay hiperparasitoides que ponen sus huevos en los huevos de otros hiperparasitoides, ya sean de la misma especie o de otra. Al final, una simple oruga puede ser atacada por hasta cuatro niveles de avispas.