sábado, 12 de mayo de 2018

Hallan los fragmentos mejor conservados del mundo del asteroide que acabó con los dinosaurios.

Hace aproximadamente 66 millones de años el impacto del asteroide Chicxulub en la península de Yucatán (México) produjo una reacción en cadena que acabó con el 70% de las especies del planeta. Famoso por extinguir a los dinosaurios que habían dominado la tierra durante millones de años, este evento catastrófico produjo una lluvia de rocas incandescentes a nivel global. Ahora un nuevo hallazgo de estas rocas (tectitas) en la isla colombiana de Gorgonilla arroja nuevos datos sobre su composición.
Un grupo de micropaleontólogos de la Universidad de Zaragoza ha participado en el descubrimiento que recoge la revista Geology. Los investigadores Ignacio Arenillas, José Antonio Arz y Vicente Gilabert han colaborado en esta investigación internacional que ha permitido precisar la edad de estas esférulas de roca, demostrando que se formaron exactamente en el límite Cretácico/Terciario (o límite K/T) como resultado del impacto del asteroide que causó la gran extinción que acabó con los dinosaurios.


La Isla de Gorgonilla, situada a 35 Km de la costa pacífica del norte de Colombia, es un islote deshabitado de unos dos kilómetros cuadrados cubierto por un bosque húmedo tropical. En sus bordes litorales se escondían este tesoro de nuestro pasado geológico, una capa de 2 centímetros de grosor de tectitas aún vítreas.
Estas rocas, al ser fragmentos vidriosos sin ordenamiento cristalino, en la naturaleza tienden a convertirse en materiales más estables como la arcilla. Por lo que la mayor parte de las tectitas formadas por un evento catastrófico como el impacto de un asteroide no conservan su composición original. No es el caso de las encontradas en Gorgonilla, catalogadas por los científicos como las muestras más puras del mundo de este material.

 El hallazgo es relevante por muchos otros aspectos. Las esférulas de impacto viajaron 2.000 kilómetros hasta depositarse en el fondo de un océano a más de 2 kilómetros de profundidad, lejos de cualquier continente. Estas profundidades se sitúan por debajo del denominado nivel de compensación de la calcita, una barrera geoquímica que marca el límite donde el agua tiene la suficiente acidez como para disolver las conchas de los foraminíferos planctónicos (organismos que utilizados como indicadores paleoecológicos).


El hallazgo ha arrojado nuevos datos sobre la extinción masiva que sufrió la Tierra. La palinóloga Vivi Vajda (coautora también del estudio) del Museo de Historia Natural de Suecia ha demostrado por vez primera que la vegetación sufrió una mortandad masiva en el límite K/T incluso en los trópicos. Anteriormente sólo se había encontrado sobreabundancia de esporas de helechos en altas latitudes como Japón o Nueva Zelanda. Siendo un buen indicativo debido a su resistencia y tendencia a colonizar ambientes catastróficos, es la primera vez que se hallan en latitudes templadas y tropicales.
"El impacto produjo una serie de perturbaciones medioambientales en cadena", relata José Antonio Arz. Se produjo un pulso de calor de hasta 80 grados centígrados de media por lo que muchos bosques ardieron espontáneamente. A esto hay que sumarle la lluvia de rocas incandescentes (tectitas) mencionada anteriormente. "Los terremotos provocados por el impacto (que dejó un cráter de 200 kilómetros de diámetro enterrado bajo cientos de metros de sedimentos) llegaron a ser de intensidad 13 en la escala de Richter, algo casi inimaginable hoy en día", añade el paleontólogo.

El hongo que mata a los anfibios proviene de Corea.

El Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN-CSIC) (España) ha participado, junto a 37 instituciones científicas más, en el análisis de 230 muestras del hongo Batrachochytrium dendobatidis para secuenciar su genoma. Los resultados, que se publican hoy en la revista Science, revelan la existencia de cuatro linajes genéticos. Tres están distribuidos por todo el mundo, el cuarto solo se encuentra en ranas nativas de la península de Corea. El linaje coreano es el más parecido al ancestro que originó todos los linajes actuales del hongo y presenta mayor diversidad genética que el resto. Los investigadores urgen prohibir el comercio de anfibios como mascotas para asegurar la supervivencia de las especies vulnerables.

Las herramientas genéticas han permitido descubrir que, contrariamente a lo que se pensaba, la enfermedad se ha extendido por el mundo fundamentalmente en los últimos 50 a 120 años, coincidiendo con la expansión del comercio global. “Paradójicamente, el mismo mundo globalizado que nos permite tener mascotas del otro lado del mundo en nuestras casas, puede provocar que nuestros hijos nunca lleguen a conocer muchas de las especies que llevan miles de años conviviendo con el ser humano”, se lamenta el investigador del MNCN Jaime Bosch, descubridor del primer brote causado por este hongo en Europa y uno de los firmantes del estudio.

“La prohibición del comercio de especies no es un capricho”, apunta Bosch. Hace menos de cuatro años descubrieron la existencia Batrachochytrium salamandrivorans, una segunda especie del hongo que está devastando las poblaciones centroeuropeas de salamandras. “Ese hongo llegó hasta Europa a través de la red de venta de anfibios como mascotas. Mantener este mercado es extremadamente arriesgado dado el altísimo riesgo de que pueda extender por el mundo nuevas formas de este hongo desconocidas hasta el momento”, continúa.

“Haber descifrado el genoma y los linajes el hongo es un primer paso para lograr curarlo y, hasta que ese momento llegue, es imprescindible tratar de frenar su expansión”, concluye el científico.

viernes, 11 de mayo de 2018

El virus silencioso que lleva milenios matándonos

La hepatitis B es uno de los virus más letales de la historia. En la actualidad infecta crónicamente a 257 millones de personas. Este virus se multiplica en el hígado y basa su éxito en su capacidad de pasarle inadvertido al sistema inmune y de refugiarse en este órgano. Hay una vacuna muy eficaz contra el virus de la hepatitis B, y sin embargo hay muchas infecciones. El problema aparece en niños que no pueden ser vacunados o e personas que se infectaron antes de ser vacunados. En algunos casos, cuando se produce la infección y el sistema inmune está debilitado, la infección del virus se cronifica. Los tratamientos permiten reducir la presencia de patógenos en sangre, pero el virus queda oculto en el hígado. En concreto, su material genético queda escondido dentro de las células y no es detectado por las defensas del organismo. «Es un virus sigiloso. Pasa inadvertido para las células». Al mismo tiempo, aumenta las probabilidades de sufrir complicaciones hepáticas o incluso cáncer. Todo apunta a que ha estado atacando al hombre durante muchos milenios.
El virus de la hepatitis B más antiguo fue encontrado en una momia del siglo XVI. Las cada vez más potentes y baratas tecnologías de secuenciación están permitiendo a los científicos dos cosas muy importantes: por una parte recuperar genomas de personas que vivieron en el pasado y, por otra, leer ahí las secuencias de los virus de entonces. Gracias a esto, dos estudios acaban de reconstruir parte del que podría ser el pasado del virus de la hepatitis B. Los investigadores han comparado las secuencias del ADN de estos antiguos virus con los actuales, y han tratado de estimar así cuál puede ser la antigüedad de este virus, si su tasa de cambio fuera constante. Así, han estimado que el nacimiento del virus se produjo hace 21.000 a 8.600 años. Los autores han concluido que el virus no ha cambiado mucho en los últimos 500 años, aunque antes su historia fue más compleja.

La explicación más común dice que el virus de la hepatitis B humano pudo surgir en África. Allí pudo «saltar» entre varios grupos de primates, humanos, chimpancés y gorilas, por el contacto entre personas y carne contaminada. Después, las oleadas de salida de África de los humanos pudieron arrastrar consigo a este virus, lo que permitió que se diferenciase de los virus de los otros primates. Pero los hallazgos de Willerslev sugieren que el virus pudo aparecer en Europa, Asia e incluso América, y desde allí extenderse a humanos y otros primates de África, justo coincidiendo con un momento en que aparecieron rutas comerciales y las poblaciones humanas tenían más entidad.
El investigador Hendrik Poinar, genetista de la Universidad Mcmaster (Canadá) y no implicado en estas investigaciones, ha dicho en Sciencemag.com que estas ideas son muy especulativas. «Es muy arriesgado decir algo sobre el momento en que apareció el virus de la hepatitis B». Sin embargo, ha resaltado que muestran un fragmento de una larga historia: «Esta interacción entre virus y humanos ha sido una dinámica que ha tenido lugar durante milenios»

"Con quinoa" no significa que sea más sano

La quinoa está de moda. No tenemos más que echar un vistazo a la infinidad de productos que la están incorporando como ingrediente, destacando su presencia en el etiquetado, aunque muchas veces la cantidad en la que esté presente en el producto final sea ridícula.

Este pseudocereal es una opción más si queremos complementar nuestros platos de comida con una buena fuente de hidratos de carbono y algo más de proteínas que lo que nos aportaría una ración de arroz o cuscús integral. Pero no se trata de ningún súper alimento, como nos la suelen vender, con el poder de transformar un producto insano en algo saludable por arte de magia.
Un ejemplo de esto último es el invento del chorizo con quinoa. Un producto que supuestamente ha sido diseñado con el objetivo de mejorar la calidad nutricional del chorizo de toda la vida. ¡Cómo si no hubiera otros productos en los que invertir tiempo y dinero para mejorarlos nutricionalmente antes que un embutido!
La Organización Panamericana de la Salud y la oficina regional para las Américas de la OMS, ha elaborado la clasificación NOVA de los alimentos según el grado de procesamiento o transformación que sufre el alimento durante el proceso de producción. El procesado de los alimentos tiene implicaciones directas en la salud de los consumidores, no es lo mismo por ejemplo, comerte una naranja a gajos que beberte el zumo de varias naranjas.Un producto cárnico ultraprocesado, por mucha quinoa que le añadan como ingrediente, seguirá siendo un producto cárnico ultraprocesado. La OMS ya nos alertaba hace un par de años de que el consumo de carne procesada aumenta el riesgo de sufrir cáncer. Esta premisa debería de ser suficiente para no seguir invirtiendo recursos en la creación de embutidos saludables.
Los productos comestibles altamente procesados (ultraprocesados), como es el caso del chorizo (con o sin quinoa), son elaborados principalmente con ingredientes industriales y poco saludables. El ultraprocesamiento no tiene como objetivo crear alimentos más nutritivos o sanos, sino elaborar productos que duren mucho, sean apetecibles y sobre todo rentables.
La OPS/OMS, en la clasificación de los alimentos y sus implicaciones en la salud, nos informan de que:
¿Por qué nos podemos encontrar productos etiquetados “con quinoa” con cantidades ridículas de quinoa? Pues porque la legislación lo permite y porque poner “con quinoa” hace que el producto en cuestión parezca más saludable de lo que en realidad es.“Muchos productos ultraprocesados se promueven y se ofrecen por mecanismos que son engañosos, pretendiendo imitar a los alimentos naturales o platos tradicionales, usando aditivos que reproducen aromas, sabores y colores. Por otra parte, a menudo estos productos se publicitan con imágenes y mensajes en la etiqueta o publicidad, para atraer consumidores, creando una falsa impresión de ser saludables, mediante la adición de vitaminas, minerales y otros compuestos, lo que permite a los fabricantes hacer ‘alegaciones de salud’, que son falsas.”
Las declaraciones nutricionales son esos anuncios que suelen ir en la parte frontal de los productos, en los que los fabricantes nos resaltan alguna característica del producto, como por ejemplo “bajo en grasas” o “alto contenido en fibra”. Están autorizadas solo unas pocas declaraciones nutricionales, pero los fabricantes pueden anunciar que su producto contiene un determinado ingrediente, como en este caso la quinoa (mientras que para ello no se establezcan condiciones específicas en el Reglamento 1169/2011). Por este motivo, nos podemos encontrar desde chorizos hasta chocolatinas etiquetadas “con quinoa” independientemente de la cantidad que contengan.
El consumo de productos ultraprocesados como la bollería industrial, las galletas y los embutidos está directamente relacionado con la aparición de enfermedades crónicas no transmisibles, como el cáncer y las enfermedades cardiovasculares. Estas enfermedades, junto con la obesidad y la diabetes, son las causantes del mayor número de muertes en la actualidad.
Es fundamental que las personas no solo sepan lo que tienen que comer en mayor o menor cantidad, sino que también conozcan que el grado de procesamiento (formación o transformación) que ha sufrido un producto puede disminuir su calidad nutricional y contribuir al desarrollo de enfermedades. Aunque nos lo anuncien como todo lo contrario.

Descubren una proteína que podría prevenir la metástasis en cáncer de mama HER2 positivo

El equipo del investigador del Montreal Clinical Research Institute (IRCM) y profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad de Montreal, Jean-François Côté, ha descubierto una proteína que, una vez desactivada, podría prevenir el desarrollo de metástasis en un tipo de cáncer agresivo, el cáncer de mama HER2 positivo. En el trabajo, realizado en modelos experimentales y con muestras de células tumorales tomadas de pacientes con cáncer, y publicado en ‘Cell Reports’, los científicos han observado que esta proteína, denominada AXL, influye en la aparición de metástasis en el cáncer HER2-positivo, en el que las células con altos niveles de AXL tienen más probabilidades de desprenderse de los tumores para formar metástasis. Además, los expertos han observado que en mujeres con cáncer HER2-positivo, se encontró que cuanto menos AXL está presente, mejor es la tasa de supervivencia. De hecho, anteriormente, los investigadores habían vinculado la proteína AXL con otro tipo de cáncer, el cáncer de mama triple negativo, si bien nadie había examinado su presencia en cáncer HER2 positivo. “Con base en este descubrimiento, un tratamiento dirigido a AXL podría reducir el riesgo de metástasis”, ha aseverado Côté, quien ha informado de que administraron una terapia farmacológica inhibidora de AXL a modelos con tumores HER2-positivos y descubrieron que las metástasis eran menos propensas a desarrollarse. El fármaco se está probando actualmente en ensayos clínicos para diversos usos terapéuticos. Si los estudios posteriores tienen tanto éxito, este tratamiento también podría usarse para tratar pacientes con cáncer de mama y actuaría como un complemento de las terapias dirigidas al tumor HER2-positivo. “En este momento, estamos comprobando si el entorno del tumor, como los vasos sanguíneos y el sistema inmunológico, se ve afectado cuando se inhibe el AXL. Al tener una mejor idea del fenómeno, será un paso más hacia el tratamiento de la enfermedad”, han zanjado los científicos.

La clave para vencer al cáncer resistente está en hallar sus vulnerabilidades ‘adaptativas’

Las resistencias farmacológicas constituyen uno de los principales problemas en la lucha contra el cáncer. Y es que de nada sirve contar con fármacos muy potentes y eficaces si las células cancerígenas acaban encontrando la manera de ‘sortear’ sus efectos. Sin embargo, el desarrollo de estas resistencias también tiene un coste para los tumores: para adaptarse a la nueva situación, que no es sino sobrevivir a la exposición al fármaco para continuar con su labor destructora, las células cancerígenas deben poner en marcha mecanismos que pueden debilitarlas. Así, y una vez aparecida la ‘fortaleza’ –en este caso, la resistencia–, de lo que se trataría es de encontrar la ‘vulnerabilidad’. Y en este contexto, investigadores del Instituto del Cáncer de los Países Bajos en Ámsterdam (Países Bajos) parecen haber hallado una vulnerabilidad de las células resistentes de melanoma y, lo que es más importante, cómo aprovecharla para destruirlas de una vez por todas. Como explica Rene Bernards, director de esta investigación publicada en la revista «Cell», «las resistencias farmacológicas parecen inevitables, pues los tumores están continuamente adaptándose. En los últimos 40 años hemos ideado múltiples vías para prevenir la resistencia en el cáncer, y ahora, pienso que ha llegado el momento de aceptar que las cosas son como son y ver si podemos encontrar las nuevas vulnerabilidades asociadas con las resistencias. Así, podríamos aprovechar clínicamente esta sensibilidad y mantener el cáncer bajo control por un largo periodo de tiempo». El gen ‘BRAF’ juega un papel fundamental a la hora de regular la división de las células sanas del organismo. El problema es que cuando aparece una mutación en este gen, la vía de señalización que regula la proliferación celular se viene ‘abajo’ y las células se dividen de forma descontrolada, lo que da lugar a la aparición de un tumor. Así sucede en distintos tipos de cáncer, caso del melanoma. De hecho, más de la mitad de las células de melanoma de los pacientes con la enfermedad portan una mutación en este gen ‘BRAF’. Entonces, ¿qué se puede hacer? Pues administrar un fármaco que inhiba este gen para deje de enviar a las células la orden para que se sigan dividiendo. Y estos inhibidores de BRAF, ¿funcionan? Pues sí, pero solo durante un tiempo. Y es que al cabo de unos meses, las células se acaban adaptando, la vía de señalización original se vuelve a activar y el tumor vuelve a crecer, por lo general de forma más agresiva. Y esta adaptación de las células tumorales, o lo que es lo mismo, el desarrollo de resistencia a los inhibidores de BRAF, ¿no conlleva ningún coste para el tumor? ¿Ninguna vulnerabilidad añadida? Pues para averiguarlo, los autores utilizaron cultivos de células humanas de melanoma, le añadieron el fármaco y esperaron a ver qué pasaba. Y lo que vieron es que las células que desarrollaron resistencia y que, por ende, se habían vuelto hiperactivas, producían grandes cantidades de especies reactivas del oxígeno. Algo que no sucedía en las células cancerígenas que seguían siendo sensibles al fármaco. Las especies reactivas del oxígeno –los consabidos ‘radicales libres’– son un arma de doble filo: juegan un papel fundamental en la transmisión de señales dentro de las células –tanto sanas como cancerígenas–, pero cuando su cantidad es excesiva provocan daños en el ADN que impide que las células puedan dividirse. Es más; alcanzado un ‘punto crítico’, la acumulación de especies reactivas del oxígeno causa la muerte celular. Por tanto, la producción excesiva de radicales libres es el precio que tienen que pagar las células de melanoma que desarrollan resistencia. De hecho, el estudio muestra que la acumulación de estas especies reactivas acaba provocando que estas células resistentes también dejen de dividirse. Pero aun así no mueren. Hace falta algo más. Como indica Rene Bernards, «cuando vimos los resultados, pensé que quizás podíamos dar a estas células tumorales resistentes hiperactivas un último empujón hacia la muerte al dejarlas producir aún más radicales libres». Dicho y hecho: los autores expusieron a los cultivos celulares a una molécula que estimula la formación de estos radicales. ¿Y qué pasó? Pues que solo las células resistentes murieron. No así las células que, igualmente cancerígenas, seguían siendo sensibles a los inhibidores de BRAF. El siguiente paso fue repetir el experimento con un organismo vivo. Y para ello, los autores utilizaron un modelo animal –ratón– al que provocaron un melanoma resistente y administraron un fármaco que, denominado ‘vorinostat’ y aprobado hace más de 15 años para su uso clínico, es bien conocido por promover la producción de radicales libres. ¿Y qué sucedió? Pues que gracias al tratamiento con vorinostat, los tumores acabaron ‘encogiendo’. Por tanto, la estrategia frente al melanoma con mutaciones en el gen ‘BRAF’ sería la siguiente: tal y como se hace en la actualidad, administrar un inhibidor de BRAF, pero cuando el tumor se vuelva resistente –lo que sucede al cabo de unos 12 meses–, suspender el tratamiento con el inhibidor e iniciar inmediatamente terapia con vorinostat durante un mes para matar a las células resistentes. Una estrategia que los autores ya han evaluado en un ensayo clínico con una pequeña muestra de pacientes humanos y que ha demostrado ser efectiva. Pero hacen falta estudios más grandes. Y los autores ya se han puesto manos a la obra. Como concluye Rene Bernards, «ahora que ya sabemos que esta estrategia funciona, queremos ir un poco más allá. Vamos a analizar la sangre de los pacientes cada mes en búsqueda de mutaciones en el ADN tumoral, y en cuanto veamos un rastro de resistencia administraremos brevemente vorinostat para cortarla de raíz. Así, y una vez hecho esto, volveremos al inhibidor de BRAF hasta que volvamos a detectar una resistencia. Esperamos que con esta estrategia podamos mantener el cáncer bajo control durante más tiempo». Es más; los autores también pondrán en marcha un segundo estudio para ver si este ‘empujón’ hacia la senescencia en el melanoma también es efectivo en otros tipos de cáncer. Y para ello, ya han recibido una ayuda de 2,5 millones de euros del Consejo Europeo de Investigación.

Por qué es una mala noticia que la industria se aproveche del auge vegano

Nadie con ojos en la cara puede negar que en los últimos tres años hemos vivido un auge tremendo del vegetarianismo. Es evidente que el interés por la alimentación vegetariana ha experimentado un aumento importante y, aunque lo podemos constatar en muchos frentes, hoy me quiero ocupar del aumento de la presencia de productos etiquetados como “vegan” en las tiendas de alimentación.

Todo ello, además, convenientemente etiquetado como vegan, así como también han incluido esa señalización en productos que ya son veganos per se, como los gazpachos o algunos procesados vegetales como el tomate frito. También están etiquetadas como tales algunas referencias de bollería y panes.En los supermercados de barrio, las bebidas vegetales ya ocupan en el lineal prácticamente el mismo espacio que ocupa la leche de vaca. En la nevera de los lácteos hay cada vez más sabores de yogures de soja y tienen un hueco varias referencias de postres vegetales a base de avena, arroz o coco. En la zona de precocinados encontramos varios tipos de hamburguesas y salchichas vegetales, seitán, tofu, falafel y humus de varios tipos. En los pasillos de congelados hay croquetas veganas, lasaña y helados de varios tipos 100% vegetales. Junto a los macarrones está la soja texturizada. Hay sushi vegano y hasta veganesa (mayonesa vegana). Y probablemente, pronto, habrá un montón de productos más que harán las delicias de parte del colectivo que los consume con fruición.
Si las cadenas de supermercados hacen este esfuerzo por ampliar su surtido de productos enfocados a los interesados en la alimentación vegetariana, y en adaptar su etiquetado, es porque han detectado una demanda y un nicho de mercado lo suficientemente amplio para que esto les salga rentable tanto económicamente como con respecto a imagen.
Pero no solo son los supermercados, marcas como Campofrío, que en 2008 ridiculizaba a los vegetarianos en su publicidad, sacaron en 2017 una línea de embutido vegetal y venden también salchichas de soja. Carro al que ya se había subido con anterioridad otra conocida marca de procesados cárnicos: Noel. Por su parte, la compañía chacinera Argal sacó también una línea de platos precocinados con sello vegan. Y La Piara vende untables vegetales. No sé si os estáis quedando con el dato: la industria cárnica está abriéndose nicho de mercado vegetariano, como ya hizo la industria láctea hace años (Pascual o Central Lechera Asturiana fueron de las primer marcas en poner bebidas vegetales en los lineales).
Y mientras escribo estas líneas, me entero por Facebook de que Cacaolat lanza al mercado la versión vegana de su popular batido de chocolate, a base de bebida de avena. Suma y sigue.
¿Y no son buenas noticias?
Pero si lo miramos desde un punto de vista estrictamente nutricional o de la salud, el panorama ya no pinta tan bien. Buena noticia sería que cada vez se vendieran menos productos poco saludables y más frutas y verduras, no al revés, por muy bien etiquetados como vegan que estén.No os negaré que personalmente me gusta constatar que el movimiento vegetariano está en auge, porque eso significa que cada vez hay más personas conscientes, comprometidas con la justicia social, la sostenibilidad, el trato justo a los animales o replanteándose el patrón de consumo actual. Tengamos en cuenta que un gran porcentaje de vegetarianos y sobre todo veganos, son además activistas en algún campo. Todo ello nos convierte en una sociedad mejor, que camina hacia un futuro más justo y más sostenible.
Hoy se puede llevar tranquilamente una alimentación vegana basada en ultraprocesados sin pisar nada más que un super de barrio, os lo demuestro:
  • Desayuno: batido de bebida de soja y cacao azucarado con un cruasán vegano
  • Media mañana: un refresco de cola y un sándwich de pan de molde blanco con mortadela vegana y margarina.
  • Aperitivo: una cerveza y cacahuetes fritos con sal.
  • Comida: arroz blanco con tomate frito y salchichas veganas. De postre un helado de soja de vainilla
  • Merienda: café con bebida vegetal azucarada y galletas etiquetadas como vegan, por ejemplo unas Oreo.
  • Cena: croquetas de espinacas veganas precocinadas con patatas fritas y veganesa. De postre un yogur de soja sabor frutas del bosque azucarado.
  • Ahí lo tenéis, un menú 100% vegano que hubiera sido impensable hace apenas unos pocos años, por falta de disponibilidad de productos. Un menú en el que lo más sano que encontramos es el café, si no llevara bebida vegetal azucarada, claro. Un menú en el que lo más parecido a una verdura es el tomate frito, o las espinacas de las croquetas. Y lo que más se acerca a una fruta es la mora dibujada en el bote del yogur.

“Vegano” no significa “saludable”

Es obvio, dada la enorme oferta in crescendo, que todos esos productos no los está consumiendo sólo la población vegetariana. Ya me gustaría, pero no son tantos. Esas bebidas vegetales azucaradas y esas hamburguesas vegetarianas hechas de cereal refinado, aceite de girasol, un 10% de verduras y un mísero 5% de algún alimento proteico vegetal, se las están llevando a casa muchas familias pensando que son opciones saludables. Un embutido vegano es almidón, grasa de mala calidad, saborizantes y sal. Pero la gente ve la uve en color verde, unas hojitas dibujadas en el paquete y un 100% vegetal y creen que están comprando prácticamente lechuga.
Y la industria alimentaria se está aprovechando mucho de esta connotación de saludable que envuelve al producto vegano para vendernos los ingredientes más baratos y más insanos que podemos comprar, ya que los ingredientes que hacen poco recomendables los productos altamente procesados no son de origen animal: azúcar añadido en cualquier formato (sacarosa, siropes, melazas, dextrosa, glucosa…). Prácticamente todo el azúcar añadido es de origen vegetal, a excepción de la miel. Grasas poco saludables como las grasas hidrogenadas, los aceites refinados y la grasa de palma. Harinas refinadas y sal. Este es el cuarteto que inunda los productos muy procesados y que los hace insalubres, y el veganismo no es inmune a ninguno de ellos.
Por eso importante tener en cuenta una cosa: que un producto lleve el sello “vegan”, la “V-label” o cualquier otra leyenda que lo identifique como producto 100% vegetal, solamente alude al origen de los ingredientes que lo conforman. No dice absolutamente nada de su salubridad.
¿Sabéis que productos veganos son saludables? Las frutas, verduras y hortalizas, las legumbres y sus derivados (tofu, tempeh, soja texturizada), los frutos secos, el aceite de oliva, las semillas, los cereales integrales… Y casi ninguno va etiquetado como vegan.
Si quieres reducir el consumo de productos de origen animal y comer saludable, no cambies el salchichón por embutido vegano, cámbialo por almendras. No cambies las Frankfurts por salchichas o burguers veganas, cámbialas por legumbre. No cambies las natillas por un postre de avena, cámbialas por fruta.
Una llamada de atención a los vegetarianos:
Y sí, los vegetarianos también compran esos productos. Y me da pena ver como un colectivo que lo tenía todo a favor para encabezar el movimiento por una alimentación más rica en fruta, verdura y legumbres de proximidad y de temporada, que es algo que encaja completamente con los valores que defiende, está obnubilado por los nuevos productos veganos y haciendo una fiesta en redes sociales cada vez que sale un nuevo ultraprocesado vegano bajo la excusa de que está bien que haya más oferta, que tienen derecho a elegir y que al menos puede que haya alguien que compre la versión vegana en lugar de la tradicional, disminuyendo así la demanda de productos animales.
Y yo os digo que nos estamos conformando con muy poco y que nos están consiguiendo como clientes de manera muy fácil, a nosotros, que somos el reservorio del consumidor crítico y que lee las etiquetas por excelencia, nos están ganando con una uve verde dibujada en el envase. Pensadlo.