sábado, 3 de febrero de 2018

Los riesgos de un fármaco para la epilepsia en niños, una polémica que viene lejos


Los riesgos de un fármaco para la epilepsia en niños, una polémica que viene lejos

El debate no es nuevo. Los riesgos que supone para el feto la exposición al ácido valproico (un principio activo que se utiliza desde la década de los 70 bajo distintos nombres comerciales para tratar con eficacia la epilepsia, el trastorno bipolar y, en ocasiones, la migraña) son de sobra conocidos por la comunidad médica. Malformaciones congénitas, autismo, trastornos en el desarrollo físico o en el neurodesarrollo y dificultades de aprendizaje son algunos de los efectos secundarios que pueden sufrir los niños cuyas madres hayan tomado este medicamento durante el embarazo (según estimaciones publicadas por la BBC, solo en Reino Unido habría causado discapacidades en unos 20.000 niños desde los años 70). El problema se agrava, según ha denunciado el ente público británico, porque gran parte de esas mujeres no habrían sido informadas de los riesgos del medicamento durante la gestación. En el programa de investigación Inside Out London emitido el pasado lunes 22 en BBC One, alertaban también de “nuevas evidencias” que sugieren que estos efectos adversos podrían transmitirse de una generación a otra

Más allá de advertir de los riesgos en el prospecto, en Reino Unido se han implementado recientemente nuevas medidas para intentar paliar daños futuros. Así, en febrero de 2016 se introdujo una serie de herramientas educativas para que las mujeres embarazadas o en edad fértil estuvieran mejor informadas de los peligros asociados a este medicamento. Sin embargo, en septiembre de 2017, una encuesta llevada a cabo por tres asociaciones de epilepsia determinó que los mecanismos no estaban funcionando como deberían: según la BBC, el 68% de las consultadas (2.000 mujeres con epilepsia de entre 16 y 50 años, de las que 475 tomaban ácido valproico), no habían recibido los materiales; una de cada seis no conocía los riesgos asociados al medicamento en caso de embarazo, y el 21% no había tenido una conversación sobre el tema a instancias de un profesional sanitario.

Alarmado por estas informaciones, un político británico está liderando una campaña para que el gobierno inglés se involucre de forma activa en el problema. El pasado 19 de octubre, Norman Lamb, diputado de los Liberal Demócratas por North Norfolk y ex ministro de salud entre 2012 y 2015, aseguró en la Cámara de los Comunes que en los años 70 se ocultó de forma deliberada a las pacientes los efectos secundarios del fármaco, y aseguró que su gobierno tiene “el imperativo moral” de proporcionar apoyo económico a las miles de familias afectadas por lo que considera un “escándalo vergonzoso”.

Mientras se espera que la Agencia Europea del Medicamento emita pronto un nuevo informe sobre este fármaco, Domínguez añade que se está preparando “un folleto con pictogramas para que la gente entienda mejor el riesgo”, y asegura que sería “muy interesante” impulsar un estudio similar a los que se han llevado a cabo en Reino Unido o Francia. “Claro que en España también habrá habido casos, pero no están documentados. Aquí hacer este tipo de estudios es muy complicado, porque los sistemas informáticos pertenecen a cada comunidad autónoma. En Reino Unido esto funciona mejor, pero luego nos dicen que la información no es extrapolable porque cada país tiene sus características. Así que de momento estamos a ciegas”.

Complejo de Golgi


Complejo de Golgi en célula del bulbo olfatorio.

Un simple análisis de sangre detecta la proteína del alzhéimer

Investigadores de Japón y Australia han desarrollado un análisis de sangre que permite identificar a las personas que tienen altos niveles de una proteína asociada con la enfermedad de Alzheimer. Si estudios posteriores lo corroboran, el nuevo método podría acelerar la ansiada búsqueda de terapias para detener la progresión de esta demencia, que afecta a decenas de millones de personas en todo el mundo.


El método permite identificar a las personas cuyo cerebro tiene altos niveles de amiloide beta, una proteína esencial en el alzhéimer que puede causar demencia o ser un síntoma de la patología. Los investigadores esperan que los creadores de fármacos puedan usar la prueba para reclutar a personas con demencia en ensayos clínicos antes de que se produzca un daño irreversible en su cerebro.

El equipo de Katsuhiko Yanagisawa, investigador del Centro para el Desarrollo de Medicina Avanzada para la Demencia de Obu, Japón, desarrolló el prototipo del análisis y publicó sus resultados en la revista Nature el 31 de enero (en línea).

En los últimos 15 años, científicos de todo el mundo han estado buscando un analisis de sangre simple para detectar la demencia. «Al principio no era obvio que sería posible medir la patología cerebral en la sangre, pero nos hemos acercado cada vez más», explica Simon Lovestone, investigador de la Universidad de Oxford que ha dirigido otros estudios para encontrar biomarcadores sanguíneos para la enfermedad de Alzheimer. «Este estudio proporciona los mejores resultados que he visto hasta ahora», añade.

Alta tasa de fracasos en el diseño de medicamentos

Todos los medicamentos que se han creado para detener la enfermedad de Alzheimer han fracasado en los ensayos clínicos hasta el momento, y muchas farmacéuticas han abandonado el campo. Los científicos sospechan que el diseño de tales ensayos podría ser la raíz del problema, más que los medicamentos que se han testado. Hasta ahora, no ha habido una manera fiable de identificar a las personas con las primeras etapas de la demencia, por lo que la mayoría de los ensayos clínicos han reclutado pacientes cuyos síntomas clínicos ya son evidentes. En este punto, el daño cerebral asociado con la proteína amiloide beta ya ha ocurrido y puede que sea demasiado tarde para revertirlo, advierte Yanagisawa.

Hasta la fecha, la única forma de identificar la proteína amiloide beta en el cerebro —salvo con una autopsia— ha sido obteniendo imágenes del cerebro mediante una tomografía de emisión de positrones o midiendo los niveles de la proteína directamente en el líquido cefalorraquídeo de la médula espinal. Ambos procedimientos se han utilizado para ayudar a reclutar pacientes en ensayos recientes, pero las pruebas son caras e incómodas para los participantes.

Para medir los niveles de varios fragmentos del péptido amiloide beta en muestras de sangre, así como un fragmento de una proteína mayor de la que deriva este, Yanagisawa y sus colaboradores combinaron dos técnicas: la inmunoprecipitación y la espectroscopía de masas. Sus resultados coincidieron con los obtenidos a través de imágenes cerebrales y el análisis del fluido de la médula espinal en dos cohortes formadas por 121 personas en Japón y otras 252 en Australia. Cada grupo incluyó individuos con edades comprendidas entre 60 y 90 años. Algunos de los participantes estaban sanos; otros mostraban deterioro leve en sus habilidades cognitivas; y algunos tenían la enfermedad de Alzheimer.

Los autores apuntan que con el fin de confirmar el nivel de precisión de su método para identificar los altos niveles de amiloide beta en cerebros humanos se necesita realizar más estudios, con un número mayor de participantes y a más largo plazo. De constatarse su exactitud, la prueba podría ayudar a realizar ensayos clínicos, dado que es relativamente fácil y barata de hacer.

viernes, 2 de febrero de 2018

Célula humana en mitosis


Célula epitelial humana en mitosis, marcada fluorescentemente. Imagen: Dr. Joshua Nordberg, Universidad de Massachusetts, Departamento de Biología Celular.

El Juego de Tronos de las bacterias

Se trata de un estudio que permite comprender las diferentes estrategias que utilizan las bacterias para luchar entre sí y colonizar nuevos territorios.

 
Al igual que ocurre con los humanos en la ficción (y desafortunadamente a veces en la realidad), las bacterias también disfrutan de una buena pelea. Se agreden, empujan y se envenenan entre sí en busca del mejor territorio. Si bien esto está muy claro, se sabe poco sobre las tácticas y la estrategia que utilizan durante sus juegos de guerra en miniatura.

En un estudio publicado en Current Biology, investigadores de la Universidad de Oxford, liderados por Kevin Foster, señalan que las bacterias se enfrentan a un conflicto casi del mismo modo que un ejército, respondiendo a una amenaza con una represalia colectiva y coordinada.
 
El equipo de Foster estudió de cepas de Escherichia coli mientras luchaban entre sí. Cada cepa usa una toxina particular para tratar de vencer a su competidor. Una cepa es inmune a sus propias toxinas, pero esta puede matar a otras cepas. Este tipo de interacción competitiva juega un papel clave en cómo las bacterias individuales se establecen en una comunidad, como por ejemplo el intestino humano. Al diseñar las cepas para que tengan un color verde fluorescente, los autores pudieron seguir claramente su combate en tiempo real.

Los hallazgos revelaron que no todas las cepas de bacterias luchan del mismo modo. Cada una se especializa en un tipo diferente de ataque, algunas son muy agresivas, mientras otras manifiestan más pasividad inicialmente. Además de estas diferencias básicas en la estrategia, la investigación también muestra que algunas cepas no solo pueden detectar una toxina procedente de un adversario, sino que también son capaces de responder rápidamente para advertir al resto de la colonia de lo que está ocurriendo. Gracias a ellos, todas podrán responder de modo simultáneo, aumentando la capacidad “bélica”.

El estudio es el primero de su tipo en observar este comportamiento en las bacterias. “Nuestra investigación muestra que lo que parecen ser organismos simples pueden funcionar de una manera muy sofisticada – explica Foster en un comunicado – . Su comportamiento es más complejo de lo que previamente creíamos. Al igual que animales sociales, como las abejas, las avispas, ciertas aves y mamíferos, que usan llamadas de alarma cuando están en peligro, las bacterias son capaces de generar un ataque coordinado”.

Debido a que el cuerpo humano alberga grandes cantidades de bacterias, particularmente nuestro microbioma intestinal, esto significa que hay una guerra bacteriana dentro de nosotros. Comprenderla puede ayudarnos a comprender cómo se propagan las bacterias, dónde y porqué.

Cuatro de cada diez tumores se pueden evitar con hábitos saludables

Resultado de imagen de tumores

El 40% de los cánceres se podrían evitar adoptando hábitos de vida saludables, entre ellos el abandono del tabaco, responsable del 33 % de los tumores, el alcohol, que está detrás del 12 % de los cánceres, o la obesidad, que provoca uno de cada veinte. Así lo ha asegurado hoy la presidenta de la Sociedad Española de Oncología Médica , Ruth Vera,que ha destacado el aumento de la incidencia del cáncer en España -en 2017 ha habido 228.482 nuevos diagnósticos-, motivado fundamentalmente por el aumento de la esperanza de vida, la segunda más alta de todo el mundo, sólo por detrás de Japón, y por hábitos de vida poco saludables. Entre ellos, la presidenta de la SEOM ha advertido de que el tabaco está detrás de 6 millones de muertes anuales en todo el mundo y es responsable de 1 de cada 3 tumores, mientras que el alcohol causa 300.000 fallecimientos -el 12% de los tumores- y la obesidad provoca 1 de cada 20 cánceres.Además, el 9% de los tumores está asociado a una dieta pobre en fruta, verdura y con exceso de carne roja, de sal o de alimentos procesados. 

A pesar de estos datos, España sigue siendo uno de los países de Europa con más altas tasas de tabaquismo, de manera que más de 20 % de la población fuma a diario. El dato positivo es que la supervivencia de los pacientes con cáncer va en aumento hasta alcanzar el 53-55% de curación a los cinco años del diagnóstico, cifras que han mejorado en relación con el pasado, aunque esto se debe esencialmente a los progresos obtenidos en algunos tumores, como el de mama o el de colon, mientras que los de otros tumores continúan siendo similares. En cuanto al tipo de tumor, el más frecuente continua siendo el colorrectal , seguido del de próstata , pulmón , mama , vejiga y estómago . Así, en 2015 los tumores fueron la tercera causa de estancia hospitalaria , por detrás de las enfermedades del aparato circulatorio y respiratorio . 

Los tumores responsables del mayor número de fallecimientos fueron el cáncer de pulmón y el colorrectal , seguidos a una gran distancia del cáncer de páncreas , cáncer de mama y cáncer de próstata . Los fallecimientos por cáncer de pulmón se han incrementado en este último año y, en cambio, las muertes por cáncer de próstata han disminuido, mientras que las ocasionadas por cáncer colorrectal, páncreas y mama se mantienen en datos similares. 

jueves, 1 de febrero de 2018

Los osos polares sobre viven por encima de sus posibilidades

Los osos polares ejemplifican como ninguna otra especie el drama del cambio climático. El calentamiento global, más acusado en el Ártico, está trastocando el ecosistema del que el Ursus maritimus es la cúspide. Ahora, el seguimiento a una decena de osas ha desvelado que su metabolismo es mucho mayor de lo que se creía. Peor aún, ni siquiera en los mejores días de su temporada de caza logran reponer la energía que pierden. A medio plazo, muchos de estos animales están condenados.
Las focas, en particular la foca anillada y la foca barbuda, son la base principal de la dieta de los osos polares. Aunque hay diferencias regionales, casi siempre las cazan de la misma manera: se sientan al borde del hielo y esperan pacientemente. Pueden estar así días hasta que aparece el hocico de una foca y la sacan como si tuvieran un arpón. Su temporada de caza va pareja al deshielo: empieza en abril y acaba en otoño, a medida que el hielo vuelve a cubrir todo el océano. En los meses de primavera y verano tienen que comer todo lo que puedan ya que pasaran casi todo el invierno en ayunas.
Esa forma de cazar y las largas temporadas sin comer había hecho creer a los científicos que el metabolismo de los osos polares era muy lento, algo que les podría ayudar ante los tiempos de dificultad provocados por el deshielo acelerado. Sin embargo, un grupo de investigadores de EE UU ha comprobado que, aún sentados durante días esperando una presa, los osos polares tienen un ritmo metabólico mucho más elevado de lo que se suponía.
El estudio, publicado en Science, muestra también que estas necesidades metabólicas suben hasta las 12.300 kcal/día de media cuando están activos. Para mantener este equilibrio energético, los autores del estudio estiman que una osa sin crías tendría que comerse una foca anillada adulta o tres jóvenes focas o 19 crías cada 10 o 12 días. El problema es que este ritmo de caza es el que necesitan para ir tirando. Para sobrevivir al invierno requerirían algo más.
Como escriben los investigadores, "los osos polares obtienen la mayoría de su grasa corporal a finales de la primavera y principios del invierno, cuando llegan a alcanzar una grasa relativa de un kilogramo de grasa por kilogramo de masa magra". Sin embargo, en los 10 días de abril de 2014, 2015 y 2016 que los investigadores rastrearon a las osas estudiadas, ninguna alcanzó tal equilibrio. De hecho, cuatro de ellas llegaron a perder hasta el 10% de su masa corporal el breve espacio de tiempo que fueron rastreadas. Y eso que abril y mayo son los meses centrales de su temporada de caza.