miércoles, 20 de septiembre de 2017

Vivir hasta los 140 años.

En esta noticia se ha intentado juntar a los mayores científicos que persiguen el estudio sobre células madre, edición genética, regeneración y reprogramación celular; y que estos den su opinión al respecto. Son 7 los cientificos entrevistados en esta noticia, contando con dos españoles siendo  Juan Carlos Izpisúa Belmonte y María Blasco.

En la entrevista Izpisua cuenta una de las motivaciones para investigar sobre la vida hasta los 140 años, libre de las enfermedades de la vejez, ya que estas son el principal problema de vivir muchos años. Este habla de "curar" el envejecimiento.

Lo único que en lo que no parecen estar de acuerdo los científicos es el tiempo en el que tardaran en conseguir la longevidad.

Noticia:http://elpaissemanal.elpais.com/documentos/longevidad/

Científicos de varios países corrigen una enfermedad hereditaria en embriones humanos

La técnica CRISPR elimina la causa genética de la muerte súbita


Científicos en EE UU, Corea del Sur y China han conseguido eliminar con éxito una enfermedad hereditaria en embriones humanos por primera vez. La investigación supone un paso fundamental hacia futuras terapias para corregir ciertos tipos de cáncer así como unas 10.000 enfermedades raras que surgen cuando una de las dos copias de un gen es errónea. También es una llamada de atención a toda la sociedad, pues la técnica permite al ser humano cambiar su destino biológico al introducir cambios en las células germinales —óvulos, espermatozoides y embriones— que se transmitirán para siempre de generación en generación.
Los investigadores se han centrado en la miocardiopatía hipertrófica, una dolencia del corazón frecuente que provoca muerte súbita en deportistas y personas jóvenes. Una de las causas principales de la dolencia es que una de las dos copias del gen MYBPC3 es errónea.
Los científicos han usado CRISPR, una tecnología que permite modificar el genoma de cualquier ser vivo con mucha facilidad, para corregir la mutación en espermatozoides de un hombre portador de la enfermedad. Los científicos inyectaron al mismo tiempo los espermatozoides y una secuencia de CRISPR con la versión correcta del gen en óvulos donados por mujeres sanas. De los 58 embriones resultantes, 42 se desarrollaron sin la mutación que causa la enfermedad, una tasa de éxito del 72%. Por primera vez se ha logrado que un número sustancial de embriones sean totalmente viables, sin errores genéticos adicionales que podrían causar problemas de salud en un futuro bebé y en sus descendientes.
El trabajo es fruto de la colaboración entre los mayores expertos mundiales en los diferentes campos implicados.La clave del éxito estaba en inyectar el CRISPR junto con el esperma en el óvulo y no después, cuando ya se ha formado un embrión, como hicieron los investigadores chinos. “Si lo haces en este estadío el proceso es casi perfecto, funciona siempre, pero habrá que ver si funciona igual de bien en cada caso particular”, explica Izpisúa, cuyo equipo en el Salk ha supervisado la edición génica de las células y embriones.
La técnica aún no está lista para usarse en personas. El próximo paso será mejorar su eficiencia. Izpisúa vislumbra dos futuras aplicaciones de esta tecnología. La primera sería en “los precursores de los gametos masculinos y femeninos para parejas con síndromes recesivos muy severos. De esta manera, la corrección génica no se haría en el embrión, sino en las células precursoras de los gametos, y se mitigarían ciertos aspectos éticos y de seguridad”, explica. Con esta intervención se podrían corregir, por ejemplo, las mutaciones de cáncer de mama y ovario.Otro paso inminente del equipo es corregir las mutaciones en los genes BRCA1 y 2, asociados a un riesgo muy alto de cáncer de mama y ovario, usando la misma técnica. En un paso más lejano, habría que realizar ensayos clínicos para trasplantar “los embriones a las madres y después seguir la salud de sus hijos”, explicó ayer Mitalipov. Este ensayo “requeriría acuerdos parlamentarios para cambiar las leyes de EE UU y muchos otros países. Queda aún un largo camino por delante”, advirtió.


De izquierda a derecha, Izpisúa, Mitalipov y Kim.
De izquierda a derecha, Izpisúa, Mitalipov y Kim.


La segunda opción es usar el CRISPR directamente en el útero para corregir “enfermedades genéticas severas, como la trisomía que origina el síndrome de Down, en estados de gestación avanzados”, detalla. En estos casos el proceso no sería perfecto, pues no se corregirán todas las células del feto. Pero sí se podría dirigir el CRISPR a los órganos más afectados, por ejemplo cerebro y corazón, con la esperanza de cambiar suficientes células como para corregir el problema. “Aún nos falta bastante investigación, por ahora hablamos de corregir una sola mutación, con lo que esta tecnología no sería extensible a otros problemas”, advierte Izpisúa.
El bioquímico español fue uno de los miembros de un panel internacional de científicos reunido por la Academia de Ciencias de EE UU que publicó un documento a principios de este año señalando qué usos de CRISPR deben ser permitidos. La tecnología, decían, debe usarse solo en los casos en los que sea el último recurso para evitar enfermedades graves y nunca para intentar mejorar las capacidades físicas o mentales de un individuo, algo que, para Izpisúa, ni siquiera sería posible desde el punto de vista técnico hoy por hoy. “Lo que más me preocupa es que estas tecnologías sean de utilidad para todos, como lo han sido las vacunas, y no solo para los ricos”, comenta.
El trabajo deja también una importante sorpresa desde el punto de vista del conocimiento básico de la biología humana. Las secuencias de CRISPR contienen unas guías de ARN que buscan el punto exacto del genoma sobre el que hay que intervenir y unas enzimas que cortan el fragmento defectuoso. La secuencia también incluye una plantilla con la versión correcta del gen. Una vez cortado el genoma, los mecanismos naturales de reparación de la célula vuelven a pegar la secuencia genética añadiendo la versión proporcionada. La gran sorpresa es que los óvulos no usan la versión introducida por CRISPR, sino que duplica la propia copia correcta del gen que ya porta en su genoma.
Este fenómeno no se había observado antes ni en animales de laboratorio ni en las células somáticas humanas, las que dan lugar a todos los tejidos del cuerpo, lo que apunta a que las células reproductoras tienen un mecanismo único y robustísimo de autoprotección que no se lleva bien con adiciones externas. Desde un punto de vista evolutivo tiene todo el sentido, pues son las células encargadas de perpetuar la especie. Una de las primeras preguntas a responder es si esto impide corregir defectos genéticos cuando estos están en el óvulo y no en el espermatozoide.

lunes, 21 de agosto de 2017

El investigador Francis Mojica premiado con el premio Albany (entrevista en Radio Nacional)


El microbiólogo alicantino ha sido uno de los seleccionados para recibir el Premio Albany 2017, uno de los premios más prestiosos en Estados Unidos y uno de uno de los más importantes del mundo dentro del mundo de la medicina y de las investigaciones biomédicas. Francisco Mojica ha jugado un papel destacado en la creación de un sistema de edición de genes que ha sido llamado el descubrimiento del siglo y por ello el proximo 27 de septiembre se va a convertir en el primer español en recibir este galardón. El Albany es un galardón que premia las contribuciones que han llevado a cabo los cinco galardonados en el desarrollo de CRISPR-Cas9, una tecnología de ingeniería genética llena de cifras que aprovecha un proceso natural del sistema inmune bacteriano. Dicha tecnología sirve para que las bacterias destruyan a los virus, según ha explicado Mojica en Las mañanas de RNE. "Los virus son mucho más pequeños que las bacterias y pueden infectar a nuestro organismo, a plantas y a bacterias" -ha asegurado- "Las bacterias detectan esa infección y se guardan una memoria del virus entonces cuando el virus vuelve a infectar lo reconocen y destruyen, es decir, es un sistema de inmunidad con memoria, son capaces de autovacunarse".

Pincha en la imagen para escuchar el audio

domingo, 4 de junio de 2017

El sueño de Arrhenius sigue vivo

Los ingredientes para la vida que llegaron de fuera de la Tierra”, como puedes leer en Materia en una interesante entrevista con Luisa Lara, astrofísica y cazadora de cometas. El sueño de Arrhenius, la panspermia u origen extraterrestre de la vida, sigue por tanto vivo, aunque solo en una versión blanda: no es que la primera bacteria llegara aquí desde el espacio (panspermia dura), sino que se formó aquí con unos materiales químicos llegados del espacio (panspermia blanda). Científicamente no es lo mismo, pero filosóficamente tiene un alcance similar. La Tierra joven no era autónoma para generar vida. Los componentes esenciales de la biología, la lógica profunda de la química orgánica, nos llovieron del cielo. Puede considerarse una humillación a nuestra ruin parcela del cosmos, aunque también un vínculo que nos une al gran plan del universo, uno en el que somos un producto de las leyes de la naturaleza. Decida el lector si eso le consuela.

Puede considerarse una humillación a nuestra ruin parcela del cosmos, aunque también un vínculo que nos une al gran plan del universo

La panspermia, ya sea dura o blanda, es cualquier cosa menos una novedad filosófica. Hace ya 2.500 años que el concepto apareció por escrito en una obra de Anaxágoras, y seguramente ya era una pieza de tradición oral antes de la Grecia clásica. Tampoco es una novedad científica, pues hay una larga y noble lista de físicos que la han defendido con argumentos: Berzelius, Richter, Kelvin, Helmholtz y Arrhenius, por no mencionar a los más recientes Hoyle, Wickramasinghe, Crick y Venter. Algunos de estos científicos apuestan por la propagación de la vida —en forma de algo parecido a nuestras bacterias— a bordo de meteoritos, asteroides o cometas, y otros prefieren una mano conductora en forma de civilización tecnológica que expande sus esporas con los cohetes más avanzados.
La gran bióloga Lynn Margulis, que murió hace unos años, se partía de risa con todas esas hipótesis panspérmicas de los físicos. Decía que no habían entendido la naturaleza profunda de la vida, sus principios generales de autoorganización, su lógica autoalusiva. Como la mayoría de los biólogos, Margulis creía que la vida se había originado en la Tierra a partir de sus meros componentes químicos, las mismas moléculas que forman hoy el corazón metabólico de cada una de nuestras células. Margulis también se reía de que la panspermia no resolviera ningún problema científico ni filosófico. Solo lo desplazaba a otro lugar anterior, como un mal político.

El ADN, la llave maestra de la evolución humana

El ADN es la forma en que la crianza se graba en nuestra naturaleza. El zoólogo y escritor británico Matt Ridley lo llama nature via nurture, a la naturaleza mediante la crianza, en una solvente paráfrasis del dilema galtoniano. Esta es la clave para entender el ADN como objeto de polémica.
Pese a la actual manía de las redes sociales, el mejor índice para evaluar la importancia de un problema sigue siendo la edición de los mejores libros. Y el ADN se ha llevado cuatro de estos óscar en los últimos meses. Mi gran familia europea, de Karin Bojs; El ADN dictador, de Miguel PitaEl gen, de Siddhartha Mukherjee, y Breve historia de todos los que han vivido, de Adam Rutherford.
El cáncer es un buen ejemplo para ilustrar las complejas armonías internas de la cuestión “hace o se hace” que centra nuestro debate
Tomemos el cáncer. Pocos cánceres son hereditarios, pero todos son genéticos, porque se deben a una acumulación de mutaciones en el texto del ADN de nuestras células. Cada una de nuestras neuronas o de nuestras células del hígado lleva una copia del genoma humano entero y gracias a eso puede funcionar. El ADN no es solo el vehículo de la herencia de padres a hijos, sino también el manual de funcionamiento de cada una de nuestras células durante toda nuestra vida.
El tratamiento del cáncer ya se está beneficiando de la tecnología del ADN, pese a que la oncología genómica está solo en sus comienzos. Los líderes de esta disciplina, como Bert Vogelstein, calculan que los principales tumores se deben a la acumulación a lo largo de la vida de media docena de mutaciones clave de entre las miles que acumula cualquiera de nuestras células, y en particular las cancerígenas. Estas mutaciones son distintas en cada tipo de tumor. En las mujeres con cáncer de mama, por ejemplo, ya es una práctica común analizar sus genes clave, porque de ello depende el tratamiento óptimo, sea una modesta quimio o una radical extirpación preventiva de las mamas. Esta estrategia se está generalizando en otros tipos de cáncer. LEER MAS....

Por qué nuestros hijos podrían heredar nuestros vicios

Se cree que las plumas de los dinosaurios no surgieron porque les facilitasen el vuelo. Las primeras utilidades que favorecieron su selección fueron, posiblemente, que ayudaban a mantener la temperatura corporal o servían como reclamo sexual. Después empezaron a ser el soporte para realizar modestos planeos y millones de años después el resultado de aquel proceso se observa en las aves que surcan los cielos. Una adaptación similar es la que sirve para volar a algunos humanos, en este caso con drogas.El sistema de recompensas naturales de nuestro organismo apareció porque nos empujaba a buscar cosas que facilitan nuestra supervivencia. Sustancias como la cocaína realizan sus efectos a través de los mecanismos de recompensa que nos hacen sentir bien cuando saciamos la sed o el hambre, pero con un efecto mucho más intenso. Estas vías para asegurar que buscamos agua o comida se han visto favorecidas a través de la selección natural pero también están detrás de las adicciones.
Desde hace tiempo, se sabe que hay factores genéticos heredables que pueden hacer a una persona más propensa a sufrir una adicción. Amplios estudios con gemelos han mostrado que el riesgo de abusar de las drogas es heredable hasta en un 60% de los casos. Esto se ha relacionado con variaciones en el genoma, pero esas particularidades no explican el fenómeno del todo. En los últimos tiempos, se están acumulando pruebas de que algunos cambios que se producen en las marcas químicas que el estilo de vida agrega al genoma, lo que se conoce como epigenoma, también pueden transmitirse a las generaciones posteriores. Eso sucedería también con la vulnerabilidad a las adicciones. LEER MAS....

martes, 23 de mayo de 2017