sábado, 14 de abril de 2018

Hacerse el "machote" lleva a la extinción

Los machos de algunas especies animales ponen mucha energía en desarrollar rasgos muy llamativos para atraer al sexo opuesto (como las vistosas y coloridas plumas de la cola de un pavo real o el masivo tamaño corporal del elefante marino, que debe defender su territorio). En esos casos, la diferencia entre machos y hembras es exageradamente notable. 
Es una buena estrategia de selección sexual, pero ser extravagante y seductor requiere un costosísimo gasto de energía. Tanto que, según un estudio que esta semana publicaba la revista «Nature», puede llevar a algunas especies a la extinción. Hasta ahora, había sido difícil determinar si esta hipótesis es cierta porque, en la mayoría de los casos, los científicos no pueden reconocer el sexo de un animal a partir de un fósil.

Sin embargo, los ostrácodos son una excepción. Estas criaturas tienen formas específicas distintivas de su sexo que se conservan en el registro fósil. Los animales con cuerpos y conchas alargadas son machos, mientras que las hembras son generalmente más pequeñas. La concha alargada acomoda los grandes órganos sexuales del macho. Estos órganos más grandes presumiblemente producen más esperma y mejoran las oportunidades de éxito reproductivo de los individuos.


Un equipo de científicos del Museo Nacional de Historia Natural del Smithsonian (EE.UU.) analizó minuciosamente los fósiles de miles de estas especies para investigar si esa especie en cuestión había sido más vulnerable que otras a los cambios en sus entornos. Los investigadores observaron que algunas especies habían vivido durante casi todo el lapso de 20 millones de años. Otras duraron solo unos pocos cientos de miles de años. Y el tamaño y la forma de los machos parecía haber sido un factor significativo en la longevidad de las especies. 

«Mostramos que cuando los machos son más grandes y alargados que las hembras, esas especies tienden a no durar tanto en el registro fósil. Tienen un mayor riesgo de extinción», dice el paleontólogo Gene Hunt, autor principal del estudio.
Los investigadores señalan que si lo mismo es válido para otras especies, los biólogos dedicados a la conservación podrían tener en cuenta el dimorfismo sexual al evaluar la vulnerabilidad de las especies a las amenazas ambientales actuales.

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