
El determinismo genético 'casi' no existe, pero la excepción es justo la corea de Huntington. Todas las personas que llevan la mutación responsable están condenadas a padecer la enfermedad entre los 35 y los 50 años, y a morir poco después. Y, lo que es aún más determinista, el tipo concreto de mutación permite predecir la edad de la muerte con bastante fiabilidad. Ahora dejemos volar mínimamente la imaginación: supongamos que una persona, tras hacerse las pruebas genéticas, sepa que va a morir a los 50 años. A los 49 años suscribe un seguro de vida sin informar a la aseguradora, y al año siguiente la aseguradora palma un millón de euros a favor de los familiares del muerto. Sería el timo del genoma, ¿no es cierto?
Prosigamos. El mes pasado, la policía de California detuvo al violador y asesino serial Joe de Angelo mediante una estrategia inédita hasta ahora. Los violadores siempre dejan restos biológicos en sus víctimas, pero el genoma de éste no casaba con ningún otro registrado por la policía. Así que los investigadores lo subieron a GEDmatch, una web genealógica que te ofrece encontrar a tus ancestros y, por tanto, a tus familiares actuales, estrecharon el cerco genético y hallaron al asesino. Si los datos genéticos de GEDmatch hubieran sido privados, De Angelo habría quedado impune.
Ampliando el foco, ¿de qué le sirve a un calvo ocultar sus genes de la calvicie, a un gordo los de la obesidad, a un bajito los de la estatura? ¿Y a un depresivo los de la depresión? ¿Y a un agresor los de la agresividad? Hay muchos secretos que cantan a todo decibelio.
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