miércoles, 8 de noviembre de 2017

Los chimpancés también tienen una personalidad para toda la vida



Como bien saben los que conviven con mascotas, los humanos no son los únicos que tienen personalidad. De hecho, los científicos han encontrado huellas de rasgos de personalidad en insectos, peces, reptiles, aves y mamíferos. Entre todos estos, los primates y, en especial, los chimpancés (Pan troglodytes schweinfurthii), son animales tan cercanos al hombre que los científicos estudian su comportamiento para desentrañar los orígenes evolutivos y las posibles funciones biológicas de la personalidad humana.

Con este objetivo en mente, el investigador Alexander Weiss, etólogo de la Universidad de Edimburgo (Reino Unido), ha recopilado 40 años de datos sobre el comportamiento de los chimpancés, recogidos por cuidadores en el Parque Nacional de Gombe (Tanzania), y ha obtenido datos que sugieren que la personalidad de estos animales no solo es única sino también estable a lo largo del tiempo. Sus resultados han sido publicados recientemente en la revista Scientific Data.

«Los rasgos de personalidad de cada chimpancé son relativamente estables», ha explicado Weiss.«Esto no quiere decir que no cambien. Puedes pensar en ellos como si hablaras de la altura. Los niños más altos crecen y se convierten en adultos altos, mientras que los que son más bajos crecen hasta llegar a ser adultos más bajos. Con los rasgos de personalidad ocurre lo mismo».

Los antecedentes de este estudio se remontan a los trabajos de la famosa primatóloga Jane Goodall en el Parque Nacional de Gombe, a lo largo de los que constató que cada chimpancé tenía su propia personalidad. Ya en 1973, el investigador Peter Buirski ideó un método para tratar de describir la personalidad de los chimpancés: el Índice del Perfil de Emociones. Gracias a él, los investigadores asignaban una personalidad a cada animal basándose en ocho rasgos opuestos (confianza y desconfianza, control y descontrol, agresividad y timidez, depresión y gregarismo).


Gracias a esto, las pruebas indicaron que las hembras eran más tímidas, deprimidas y de confianza que los machos. Además, los machos de mayor estatus resultaron ser más agresivos y menos tímidos que los de menor rango.

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