domingo, 18 de marzo de 2018

Trasplantes renales sin transfusiones de sangre para testigos de Jehová

El hospital del Mar garantiza que no se harán transfusiones durante el proceso quirúrgico de estos pacientes y  despliega un protocolo para minimizar el riesgo de sangrado.


"La Biblia prohíbe el consumo de sangre. Por tanto, los cristianos no debemos comerla. Tampoco debemos aceptar transfusiones de sangre ni de alguno de sus componentes principales" estas son  algunas  convicciones religiosas de los testigos de Jehová  que les impiden aceptar transfusiones de sangre durante un acto médico. Sin embargo, imposibilita que este colectivo se someta a algunas cirugías mayores, como un trasplante o una intervención oncológica. Y es que  los protocolos asistenciales de este tipo de operaciones obligan a los pacientes a firmar un consentimiento informado conforme aceptan que los cirujanos recurran, si es necesario, a una transfusión sanguínea. Si no autorizan la posibilidad de utilizar este procedimiento, la intervención no puede realizarse.
 "El problema con los testigos de Jehová al no aceptar transfusiones es que supone un impedimento de cara a programar la cirugía. Y ese impedimento muchas veces es por el propio colectivo médico, que no quiere asumir los riesgos que supone aceptar no trasfundir, no utilizar esa herramienta cuando en el caso de una anemia aguda puede curar a una persona tras una cirugía", explica el doctor Lluís Cecchini, jefe del servicio de Urología y Cirugía del Trasplante del hospital del Mar. Dicho hospital  ha desplegado un protocolo para garantizar el trasplante renal sin transfusión de sangre a los testigos de Jehová. Los médicos que participan en la intervención quirúrgica y en el posoperatorio aceptan operar sin recurrir a la transfusión de sangre y, además, articulan medidas específicas incluso antes de entrar al quirófano para minimizar el riesgo de sangrado de paciente durante la intervención o en el postoperatorio.
Para empezar, en el preoperatorio, los pacientes con insuficiencia renal crónica suelen sufrir anemia, así que antes de entrar a quirófano, han de someterse a un tratamiento previo con eritropoyetina (EPO), una hormona que estimula la producción de hematíes "Lo que hacemos para preparar a un paciente testigo de Jehová para el trasplante es establecer unos objetivos de hemoglobina en sangre más altos que los que se indican en el resto de pacientes con insuficiencia renal crónica. Nuestro objetivo es más alto para que al llegar al momento de la cirugía, si pierden sangre, eso suponga que a partir de un nivel más alto, continuamos estando en una zona de seguridad para el paciente", agrega la doctora Marta Crespo, jefa de sección de Nefrología del hospital del Mar.
Una vez que se está en el  quirófano, equipos especializados de enfermería montan y controlan los llamados cell saver, unas máquinas que permiten recuperar la sangre del mismo paciente y transfundirle sus propios glóbulos rojos. Una operación de trasplante de riñón tiene un riesgo alto de necesitar una transfusión de sangre porque, por un lado, tiene un componente elevado de cirugía vascular y, además, los pacientes con insuficiencia renal no coagulan igual que una persona sana.

Dilema ético

"Lo que hemos conseguido es una cadena de confianza entre profesionales y estamos todos de acuerdo de que vamos a optimizar pacientes y tratarlo de la mejor forma posible en el acto quirúrgico y en postoperatorio para minimizar el riesgo de transfusión. Pero, si fuera necesario, tampoco aceptaríamos esa transfusión porque hemos adquirido ese compromiso. El personal que está participando en esto tiene que estar de acuerdo", advierte Cecchini.
Hace año y medio, los especialistas del hospital del Mar intervinieron a un paciente testigo de Jehová con insuficiencia renal crónica que recibió el riñón de un donante vivo de su misma confesión, concreta la doctora Crespo. En 2017 también se hizo otro trasplante de un donante cadáver.

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