sábado, 25 de abril de 2015

Nueva terapia con anticuerpos para tratar el melanoma metástico.

Un estudio internacional ha comparado la eficacia de dos anticuerpos monoclonales para tratar el melanoma metastásico. La nueva terapia activa los linfocitos del sistema inmune en tejidos periféricos que permite aumentar la supervivencia de los pacientes respecto a los tratamientos de primera línea.
El melanoma avanzado es un tipo de cáncer de piel con mal pronóstico y una incidencia creciente en el mundo. Su tratamiento mediante nuevas técnicas de inmunoterapia, es decir, con células diana que bloquean vías de señalización celular e inhiben el crecimiento del tumor, aumenta de forma significativa la supervivencia de los pacientes.
En este estudio se ha comparado el uso de un novedoso anticuerpo que se dirige contra el receptor de linfocitos PD1 (Pembrolizumab) y activa a estas células del sistema inmune en el lecho tumoral, con el anticuerpo usado como tratamiento de primera línea en melanoma avanzado.
Los resultados de la investigación demuestran la eficacia del tratamiento con el nuevo anticuerpo monoclonal que provoca un descenso del 42% en el riesgo de progresión de la enfermedad. En la investigación, más de 800 pacientes recibieron de forma aleatoria uno de los dos fármacos y los resultados han probado que Pembrolizumab tiene una mejor respuesta al tratamiento –un 30% frente a  un 10% con Ipilimumab- con una mayor supervivencia y menos efectos secundarios graves.

La doctora Ana Arance, especialista senior del Servicio de Oncología Médica del Clínic que ha participado en estudio, explica que con estos datos favorables de respuesta y supervivencia al melanoma “se ha demostrado el beneficio de poder utilizar este tipo de inmunoterapia para el tratamiento de primera línea del melanoma avanzado, añadiendo así, un nuevo fármaco al arsenal terapéutico de esta enfermedad”.

Juan Carlos Izpisúa descubre una técnica genética que podría acabar con las enfermedades hereditarias

Una nueva técnica genética, en cuyo desarrollo han participado dos centros de Cataluña, elimina las mutaciones mitocondriales en los óvulos, lo que podría ayudar a evitar la transmisión de enfermedades hereditarias. La investigación, liderada por el científico español y profesor del Laboratorio de Expresión Génica del Salk Institute de La Jolla de California (EEUU) Juan Carlos Izpisúa (Hellín, 1960), ha sido publicada este jueves por la revista ´Cell´. En ella han participado el hospital Clínic y Sant Joan de Déu y el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC). 

Los investigadores han recordado que las enfermedades que afectan a las mitocondrias, que son pequeñas centrales eléctricas que generan energía en las células del cuerpo, se transmiten de forma exclusiva de madre a hijo. Actualmente, la única opción para los padres que desean evitar que sus hijos hereden las enfermedades mitocondriales es recurrir al diagnóstico genético pre-implantacional con el fin de seleccionar los embriones, aunque eso no garantiza que el bebé nazca sano. 

Ahora, los investigadores han desarrollado una técnica simple para eliminar las mutaciones mitocondriales en óvulos o embriones en una fase temprana del desarrollo que tiene el potencial de evitar que los bebés hereden las enfermedades mitocondriales. 

"Actualmente, no hay tratamiento para enfermedades mitocondriales y nuestra tecnología puede ofrecer una nueva esperanza para los portadores de enfermedades mitocondriales que deseen tener hijos sin la enfermedad", ha explicado Juan Carlos Izpisúa. 

Las células vivas pueden tener cientos -o incluso miles- de mitocondrias y cada una de ellas contiene su propio ADN, una pequeña colección de 37 genes que son esenciales ya que, si mutan, causan una amplia gama de enfermedades y pueden provocar la muerte del recién nacido, reducir su esperanza de vida a unos pocos años, o provocar síntomas durante décadas.

"La mayoría de estrategias actuales trata de desarrollar fármacos para pacientes que ya sufren de estas enfermedades", ha detallado Alejandro Ocampo, investigador asociado en el laboratorio de Izpisúa y uno de los primeros autores del trabajo.  "Por eso, pensamos en prevenir la transmisión de estas mutaciones de forma temprana en el desarrollo embrionario", ha dicho Ocampo

Dos tipos de moléculas

Los investigadores recurrieron a dos tipos de moléculas, unas nucleasas que pueden diseñarse para cortar hebras específicas de ADN y funcionar, así, como un tipo de "tijeras moleculares". Por eso diseñaron nucleasas para cortar sólo el ADN mitocondrial, en óvulos o embriones, que contenía mutaciones que causan enfermedades, dejando intactas las mitocondrias sanas. 

Utilizando ratones que contienen dos tipos de ADN mitocondrial, los científicos previnieron selectivamente la transmisión de uno de los tipos a la siguiente generación usando nucleasas específicas tanto en los óvulos como en los embriones de ratón. 

Los bebés de ratón nacidos mediante esta técnica se desarrollaron de forma normal en la edad adulta. Además, según han destacado los investigadores, este método les permitió reducir con éxito los niveles de ADN mitocondrial mutado responsable de dos enfermedades mitocondriales en humanos. El equipo que ha participado en este estudio está ahora investigando la posibilidad de trasladar esta tecnología a la clínica en óvulos y embriones humanos

El hombre decide su destino biológico

La vida lleva 4.000 millones de años despuntando, medrando y bregando para resistir a la catástrofe, venciendo los lastres del pasado e imaginando los futuros posibles, aventurándose y sobreviviendo. Pero en toda la historia del planeta nunca había ocurrido esto: que una criatura de la evolución tome las riendas de su propio destino biológico. Parece increíble, pero los científicos creen que ya hemos alcanzado ese punto, y que por tanto no tenemos más remedio que ponernos a pensar –con toda la profundidad que esté a nuestro humilde alcance— en el abismo conceptual que se abre ante nosotros. Podemos considerarnos afortunados, al menos como testigos de la historia a escala cósmica.

La gran novedad no puede tener una denominación más decepcionante: crisp, el nombre inglés de las patatas fritas de bolsa. En realidad son unas siglas –las entenderemos más abajo— que designan una nueva técnica para modificar los genomas, una técnica tan simple, barata y eficaz que pone por primera vez a nuestro alcance la posibilidad de reescribir el código genético humano: en las células enfermas del cuerpo, sí, pero también en los óvulos y espermatozoides que determinan el destino de nuestros hijos, de los hijos de nuestros hijos y de todo el linaje que emergerá de ellos. Un pasaporte al futuro.
El fin de usar esta técnica sería curar enfermedades genéticas en la línea germinal, es decir, no ya en el propio enfermo, sino en sus hijos y el resto de su descendencia futura
Los científicos más directamente implicados en este avance se reunieron el 24 de enero en el Foro IGI de Bioética, en Napa, California, organizado por la Innovative Genomics Initiative (IGI) de la Universidad de California (en sus sedes de Berkeley y San Francisco). Su objetivo no era tanto confirmar las inmensas posibilidades de la nueva tecnología de modificación genómica –todos ellos las tenían ya muy claras— como examinar con espíritu autocrítico sus riesgos y desarrollos imprevistos, en un intento de poder atajarlos ahora que están a tiempo. El premio Nobel David Baltimore y otra veintena de investigadores presentan enScience las conclusiones de la reunión.
“La promesa de la llamada ‘medicina de precisión’ viene impulsada por la sinergia entre dos poderosas tecnologías”, explican Baltimore y sus colegas. La primera es bien conocida: el exponencial desarrollo y abaratamiento de la secuenciación (lectura) de ADN, que ha aportado ya la mayo parte de la información esencial sobre los cambios genéticos que estimulan el desarrollo de las enfermedades. La segunda es crisp.
Crisp son las siglas de clustered regularly interspaced short palindromic repeats, cuya traducción no ayuda mucho: cortas repeticiones palindrómicas agrupadas y espaciadas regularmente. Se trata de una secuencia de ADN bacteriano muy especial, con tramos cortos que se repiten a intervalos regulares y que se leen igual aunque tengan la orientación invertida (es decir, palíndromos, comoreconocer o sometemos, pero en el lenguaje del ADN).
Estas secuencias se comportan en la naturaleza como verdaderosnanoingenieros genéticos: son capaces de incorporar genes extraños, como los de un virus, y de someterles luego a una variedad de servidumbres, como activarlos, reprimirlos o introducirlos en otro lugar del genoma. Las bacterias utilizan crisp como un sistema de defensa contra virus: integran sus genes y los utilizan contra el propio agente invasor. Pero los genetistas han aprendido a usar crispcomo un vehículo para sustituir, corregir o modificar el genoma de cualquier animal.
El método ha sido probado con éxito en ratones y monos, y por tanto los científicos creen que es hora de estudiar si tiene utilidad médica para los humanos
El método crisp ha sido probado con éxito en ratones y monos, y por tanto los científicos creen que es hora de estudiar si tiene utilidad médica para los humanos. En concreto, para curar enfermedades genéticas en la línea germinal, es decir, no ya en el propio enfermo, sino en sus hijos y el resto de su descendencia futura. De momento, esto es ilegal en todos los países que han regulado la embriología humana, que son todos los que tienen la capacidad técnica necesaria. Baltimore y sus colegas creen que es hora de debatir los aspectos éticos y legales para promover las reformas legales pertinentes. O para no hacerlo, si se decide que los riesgos no compensan a los beneficios.
El premio Nobel y los demás expertos son explícitos en sus recomendaciones: asegurar que los experimentos no se intenten en algún país con regulaciones demasiado laxas; discutir en foros científicos, bioéticos y gubernamentales las implicaciones sociales, éticas y ambientales; promover la transparencia del debate y la información pública “sobre esta nueva era de la biología humana”; acordar internacionalmente un grupo representativo de expertos en genética, industria, derecho y bioética.
“La confianza pública en la ciencia”, aseguran Baltimore y sus colegas, “requiere transparencia en tiempo real y discusión abierta”. Que se siga ese consejo sería también una importante novedad.

Células madre con memoria: el futuro contra el cáncer

El sueño de destruir el cáncer con células del sistema inmune programadas para atacar a los tumores ha dado un paso de gigante. La gran esperanza se llama “célula madre T de memoria” (TSCM), y es un tipo radicalmente nuevo de glóbulo blanco del sistema inmune que reúne las dos propiedades ideales: por un lado son células madre, y por tanto tienen la capacidad de autorrenovarse de manera indefinida; y por otro tienen memoria inmunológica, por lo que conservan, también indefinidamente, su capacidad para actuar contra un agente infeccioso concreto o un tumor específico. Científicos de Milán han demostrado que pueden subsistir al menos 12 años en el cuerpo de 14 pacientes.
El pequeño ensayo clínico no había sido planeado para este fin –las células TSCM ni siquiera habían sido descubiertas hace 12 años, cuando la prueba comenzó—, sino para probar la seguridad de una técnica de terapia génica contra un tipo de inmunodeficiencia hereditaria (SCID, o enfermedad de los niños burbuja). Pero Luca Biasco, Serena Scala, Alessandro Aiuti y sus colegas del Instituto Científico San Raffaele, en Milán, han encontrado una forma brillante de reciclar el ensayo para obtener unos datos esenciales en la lucha contra el cáncer.
Los resultados se presentan en Science Translational Medicine, la publicación que la revista Science reserva para las investigaciones que tienen una evidente o inmediata aplicación a la práctica clínica. El subíndice del término TSCM significa stem cell memory, o células madre de memoria. La T viene de mucho antes: los linfocitos, o glóbulos blancos de la sangre, son las células encargadas de la respuesta inmune, y se dividen en linfocitos B (que producen los anticuerpos que andan sueltos por la sangre) y linfocitos T, que montan un tipo menos popular pero más importante de defensa: la inmunidad celular, por la que ciertas células especializadas se tragan, literalmente, a los agentes infecciosos y a otras cosas que consideren raras, incluidas en ocasiones las células tumorales.
“Las terapias basadas en células T”, explica a EL PAÍS Luca Biasco, primer autor del trabajo, “representan una de las estrategias terapéuticas más avanzadas y prometedoras para el tratamiento del cáncer; esta tecnología está basada en la modificación genética de las células T para redirigir su actividad contra las células tumorales; un tipo de célula T como las TSCM, que son capaces de mantener su capacidad de autorrenovación y de diferenciación por muchos años, pueden aportar un reservorio de células T capaz de patrullar por el sistema inmune y activarse eficazmente en caso de recidiva del tumor, para mantener una respuesta inmune secundaria eficiente”.
Nadie tenía ni idea sobre la mera existencia de las células TSCM hasta 2011. Pero su descubrimiento, especialmente después de este trabajo, las hacen muy relevantes para diseñar nuevas estrategias útiles para la medicina. “Aportamos evidencias de que la ingeniería genética de células T puede ser segura incluso a largo plazo”, explica Biasco. “Y además demostramos por primera vez de que las células TSCM con los genes corregidos en el laboratorio pueden implantarse activamente en la médula ósea de los seres humanos; esto abre la posibilidad de explotar las células TSCM modificadas genéticamente para las terapias basadas en el sistema inmune”.
Estos retrovirus se integran en el genoma humano más o menos al azar, y por tanto cada célula humana que ha recibido el virus tiene una firma molecular característica, formada por los extremos del ADN del virus unidos a su contexto de ADN humano. Este es el marcador que Biasco y sus colegas han aprovechado para identificar y analizar a las células T que siguen circulando por la sangre de los pacientes 12 años después.Los pacientes empezaron el ensayo clínico en un estudio pionero de terapia génica contra una inmunodeficiencia congénita dirigido en 1995 por Claudio Bordignon, también en el San Raffaele de Milá. Las células T de estos pacientes fueron extraídas, y su deficiencia fue corregida en el laboratorio infectándolas con un gen correcto introducido dentro del ADN de un virus capaz de integrarse en el genoma de las células humanas (un retrovirus, de la familia del virus del sida).
¿Oportunismo? Sí, pero de un tipo que promete abrir un nuevo continente para la biomedicina del cáncer.

viernes, 24 de abril de 2015

Un método contra las enfermedades transmitidas por la madre


Juan Carlos Izpisúa (izquierda), en el Instituto Salk de California.
La tecnología ha puesto al alcance por primera vez la posibilidad de corregir el genoma humano en la línea germinal, es decir, en el ADN que se transmite a las siguientes generaciones. La posible aplicación a la medicina de estas técnicas da ahora un paso clave para un tipo importante de enfermedades hereditarias, las mitocondriales, que solo transmite la madre. Los investigadores han probado en ratones que es posible destruir selectivamente las mitocondrias enfermas en óvulos o embriones tempranos, y ya colaboran con clínicas de fertilidad para probar la seguridad del método en humanos.
La inmensa mayoría de los 20.000 genes humanos se encuentran en el núcleo de cada célula, pero hay unos 50 que no están en el núcleo, sino en las mitocondrias, las factorías energéticas de la célula. En la fecundación, el óvulo y el espermatozoide aportan sus genes nucleares a partes iguales, pero las mitocondrias las pone solo el óvulo: de ahí que los genes mitocondriales se transmitan solo por línea materna. Cuando alguno de esos genes es erróneo, resultan enfermedades genéticas, también transmitidas solo por la madre.
Aunque estas enfermedades mitocondriales son una minoría de las dolencias hereditarias, resultan en condiciones muy graves, con fallos catastróficos en los órganos y tejidos que más energía necesitan, como el cerebro, el corazón y el hígado. Incluyen varios tipos de demencia y neurodegeneración, diabetes, infarto, disfunción hepática, pérdida de visión y sordera, todas ellas sin cura. Poder corregirlas en el óvulo o poco después de la fecundación libraría a los hijos (no solo a las hijas) de esas taras, y también a toda su descendencia futura.
El equipo de Juan Carlos Izpisúa en el Instituto Salk de California, junto a científicos de Miami, Kobe, Urbana, Barcelona y Pekín, y en colaboración con varios hospitales españoles, han logrado aplicar las modernas técnicas de edición genómica para impedir el paso de mutaciones mitocondriales a la descendencia. Lo han hecho en ratones modelo, pero usando varias de las mutaciones mitocondriales humanas más relevantes. Publican los resultados en la revista Cell.
“La técnica”, explica Izpisúa, “se basa en una única inyección de material genético (ARN) en el óvulo o en el embrión temprano, y por tanto podría realizarse fácilmente en las clínicas de fertilidad de todo el mundo”. Por supuesto, faltan varios cambios legales y comprobaciones de la seguridad del método para llegar a ese punto. Pero la técnica se puede considerar ya a punto para dar ese salto.
La edición genómica también es prometedora para la mayoría de las enfermedades hereditarias –las del genoma nuclear—, pero Izpisúa cree que las taras mitocondriales pueden erigirse en la avanzadilla. La principal razón, explica, es que no hay buenas alternativas para ello. El Reino Unido ha aprobado hace solo unos meses una estrategia alternativa –los llamados “hijos de tres padres”—, pero en ese caso hay que combinar genes de tres individuos, lo que puede generar problemas de compatibilidad, tal como indican algunas evidencias en ratonas.
La técnica del Salk no requiere donaciones de óvulos. Simplemente, dirige un sistema de enzimas que cortan el ADN (endonucleasas) específicamente contra los genes mitocondriales mutantes.
Las enfermedades mitocondriales tienen una peculiaridad importante. Una célula tiene solo un genoma nuclear, pero muchos genomas mitocondriales (de 100 a 100.000), y lo más común es que algunos sean normales y otros mutantes. Que la enfermedad se manifieste depende de que el porcentaje de mitocondrias mutantes alcance un valor crítico. Las endonucleasas atacan solo a las mitocondrias mutantes, y ello permite a las sanas imponerse al peso, aunque algunas mitocondrias mutantes persistan por allí.
Los científicos han comprobado la eficacia de la técnica en óvulos de ratón que contenían las mutaciones mitocondriales humanasresponsables de la neuropatía hereditaria de Leber, distonía (LHOND), debilidad muscular neurogénica, ataxia y retinitis pigmentosa. Todas son enfermedades raras sin cura actual.

Antes de que empiecen los ensayos clínicos es preciso evaluar la seguridad del método en óvulos de pacientes con enfermedades mitocondriales. Izpisúa está en contacto con clínicas de fertilidad para conseguir ese material.

jueves, 23 de abril de 2015

La genética y las picaduras de mosquito

¿Por qué los mosquitos pican más a unas determinadas personas que a otras? Parece que una de las principales causas es genética.

Pese a que previamente, en otros estudios, ya se comprobase qué factores influyen más a que suframos una picadura (como los alimentos que consumimos, por ejemplo, la cerveza y el ajo; la ropa que llevamos, puesto que se sienten más atraídos por las tonalidades oscuras y el sudor, entre otros) una investigación reciente ha establecido una relación entre nuestros genes y el ser más propensos a las picaduras de mosquito.

Este estudio, que se ha realizado entre gemelas idénticas (100% de igualdad en los genes) y gemelas no idénticas, ha determinado que las gemelas idénticas recibían la misma cantidad de picaduras, mientras que en gemelas no idénticas, un sujeto siempre era más "deseado" por los mosquitos.


La importancia de las conclusiones reside en que los investigadores piensan en la posibilidad de que los individuos que son menos propensos a recibir picaduras lo son por haber desarrollado una especie de barrera genética, cuya utilidad en fármacos podría contribuir a erradicar las picaduras de mosquito, que no sólo nos molestan en verano, sino que, como ya sabemos, funcionan como vectores de muchas enfermedades, por ejemplo, la malaria, la fiebre chikungunya, el dengue o la fiebre amarilla.

FUENTES:
- EL PAÍS
- http://journals.plos.org/plosone/article?id=10.1371/journal.pone.0122716

La resistencia a los antibióticos se convierte en una una amenaza mundial

Los antibióticos han sido uno de los pilares que nos ha permitido vivir más tiempo y con mayor calidad de vida. Nuestra forma de producir, prescribir y utilizar los fármacos, ciertamente abusiva, trae consigo el desarrollo de inmunidad en los microorganismos causantes de múltiples infecciones. Como consecuencia, los tratamientos se prolongan y los microbios se propagan de forma exponencial, volviendo letales las enfermedades más comunes.

Según el último informe de la OMS, basado en los datos extraídos de 114 países, la resistencia a los antimicrobianos es una grave amenaza que ha dejado de ser una previsión de cara al futuro y es ya una realidad en todas las regiones del mundo. La resistencia a los antimicrobianos es el fenómeno por el cual un microorganismo (entre ellos las bacterias, los virus y algunos parásitos) deja de ser afectado por un antimicrobiano al que anteriormente era sensible, de modo que el efecto del medicamento queda neutralizado. Dicha resistencia surge por la mutación del microorganismo, por la adquisición del gen de resistencia, o incluso por la formación de grumos.





El informe señala que la resistencia está afectando a muchos agentes infecciosos, pero se centra en siete bacterias responsables de infecciones comunes graves, como la septicemia, la neumonía, las infecciones urinarias o la gonorrea. “El mundo está abocado a una era posantibióticos en la que infecciones comunes y lesiones menores que han sido tratables durante decenios volverán a ser potencialmente mortales”, ha explicado Keiji Fukuda, subdirector general de la OMS para Seguridad Sanitaria.

Para los expertos, las medidas claves en la prevención de la resistencia microbiana pasan por limitar los antibióticos e incidir en una mejor higiene, acceso al agua potable y control de las infecciones en los centros sanitarios y vacunación. Los pacientes, por su parte, deben hacer uso de los antibióticos únicamente cuando los haya prescrito un médico, completar el tratamiento aunque se sientan mejor y no medicar a otras personas.

domingo, 19 de abril de 2015

Descubierta una proteína que dobla la vida en ratones envejecidos




Una proteína que activa la producción de nucleótidos (las letras químicas a, c, g, t que son los eslabones del ADN) se ha mostrado capaz de revocar los síntomas de envejecimiento prematuro en ratones. El hallazgo de un equipo del Centro Nacional de Investigaciones Oncológicas (CNIO), publicado en Genes & Development, tiene un evidente interés. “En las personas muy mayores aparecen problemas oculares, óseos, que se sabe empíricamente que se alivian con ácido fólico”, explica Óscar Fernández-Capetillo, director del grupo de Inestabilidad Genómica del CNIO. “Pero el ácido fólico es un precursor de los nucleótidos”, añade. La conclusión es que si se puede estimular este proceso en humanos, es posible que sirva para combatir algunos síntomas del envejecimiento.




La proteína en cuestión se llama Rrm2. Para llegar a determinar su papel, los investigadores siguieron un elaborado proceso. Partieron de ratones mutados para que tuvieran menos copias de otra proteína, la ATR. Esta molécula es responsable de reparar el genoma. El ADN de los seres vivos tiene que copiarse cada vez que una célula se divide, y, como en los procesos de los amanuenses medievales, cada vez que se reproduce aparecen errores (mutaciones). La ATR actúa como un corrector que va reescribiendo el mensaje. Los ratones con baja cantidad de ATR acumulan más fallos en sus genes, lo que les lleva a envejecer antes. Sufren una enfermedad similar a lo que en humanos se denomina síndrome de Seckel, una enfermedad rara conocida popularmente como síndrome de la cabeza de pájaro porque quienes la padecen sufren microcefalia y tienen una nariz muy peculiar, parecida a un pico. Con este primer paso han creado el problema: animales que envejecen antes de lo normal.
La solución estaba en otra mutación, pero al revés. En vez de tener pocas copias de una proteína, se vio que si tenían muchas de la Rrm2 los síntomas del envejecimiento (y del síndrome) se revertían. La vida media de los animales de experimentación pasó de 24 semanas a 50. Por eso esa proteína es clave para la solución del problema.
“Hace ya tres años empezamos a tener evidencias de que cuando una célula tenía problemas para replicarse, lo intenta desde más sitios. Si estaba usando unos cien lugares de su genoma conocidos como orígenes de replicación, cuando ve que no puede llevar a cabo el proceso, se acelera, y empieza a hacerlo desde 200 sitios”, explica Fernández-Capetillo. El resultado de esta frenética actividad es que los nucleótidos, los eslabones del ADN, se agotan en el núcleo celular, y las copias salen defectuosas. “Esto se había estudiado en cáncer”, señala el investigador, donde hay una proliferación celular descontrolada, con muchas copias de cada célula gestándose cada vez.
Su relación con el envejecimiento viene de otro trabajo con levaduras, indica el investigador: se vio que cuando estas “tenían problemas con su ATR”, la molécula que repara el ADN, “estos se podían mejorar añadiendo más nucleótidos”. “Nuestra idea fue: ‘A ver si haciendo algo parecido mejoramos el envejecimiento”, cuenta.
Con la parte ya demostrada, el trabajo pendiente es enorme. Primero, hay que probar si la Rrm2 funciona en ratones que no hayan sido envejecidos en el laboratorio. De ello se ocupará Andrés López Contreras, primer firmante del artículo, que trabaja en Copenhague. Luego vendría todo el proceso de escalado de ratones a personas, para ver si las mismas proteínas tienen el mismo efecto, y si la forma de activarlas es similar. Un largo recorrido que puede frustrase en cualquier etapa. Es lo habitual en toda investigación.
Pero eso son futuribles. En el presente la situación es, conceptualmente, más sencilla. “La pregunta es: ¿puede hacerse? Sí, se puede”, concluye Fernández-Capetillo. “Y tenemos una ventaja: sabemos a qué proteína tenemos que hacer cosquillas”, añade.

Un mando a distancia para el genoma

Una de las paradojas más duraderas de la biología es que solo el 3% del genoma humano consiste en genes, o secuencias (gattacca…) que contienen información para fabricar proteínas, las nanomáquinas que ejecutan todas las tareas vitales. Los genetistas ya saben cómo alterar, corregir o sustituir esos genes, pero hasta ahora no tenían herramientas para manipular con precisión el 97% restante del ADN, y eso es importante, porque ahí es donde se localizan los reguladores de la actividad de los genes: los interruptores que les dicen dónde y cuándo deben activarse o callarse. 
Los grandes proyectos genómicos internacionales, como ENCODE y el Roadmap Epigenomics Project, han identificado en la última década millones de marcas epigenéticas, o segmentos de ADN que regulan la actividad de los genes en los distintos tipos de células y a los sucesivos tiempos de desarrollo, y que suelen estar perdidos en medio de los vastos desiertos de ADN que constituyen el 97% del genoma humano. Curiosamente, la mayoría de las alteraciones genéticas que se han podido asociar a enfermedades coinciden con alguna de esas marcas epigenéticas. De ahí que sea esencial aprender a corregirlas.
El término epigenética requiere alguna explicación. Se refiere a modificaciones que no afectan a la secuencia del ADN (como sería cambiar gattacca por cattacca), sino a otras cosas que se pegan encima de ella, como los grupos más simples de la química orgánica (grupos metilo, –CH3), unas proteínas llamadas histonas. Epigenético significa, precisamente, “encima de los genes”. Estas modificaciones epigenéticas son heredables a lo largo de las divisiones celulares, y fundamentales para mantener activados o reprimidos los genes en según que grupos de células. Este es el abcdel desarrollo humano, puesto que todas las células del cuerpo tienen los mismos genes.
Para alterar a voluntad a esos reguladores epigenéticos –y por tanto controlar con precisión el cuándo y dónde de la actividad de los genes— existe una técnica extraordinariamente simple, barata y eficaz llamada CRISPR. Paradójicamente, este es el método que se viene usando para alterar o sustituir los genes en sí mismos. Pero los biólogos de Duke han tenido una idea brillante para adaptar crispr a su nuevo papel de ingeniero epigenético.

Una aguja en el pajar del genoma
En su forma original, la técnica CRISPR encuentra una secuencia de ADN en el pajar del genoma, la corta y la sustituye por otra. Gersbach ha dejado intacta la primera parte (encontrar una secuencia exacta en el pajar), pero ha sustituido la enzima que después corta el ADN por otra que modifica las histonas, las proteínas que se pegan encima del ADN dejando intacta su secuencia, pero modificando su epigenética. El trabajo se presenta enNature Biotechnology.
El primer objetivo de los científicos es utilizar su nueva técnica para aclarar la función exacta de las marcas epigenómicas, en particular aquellos segmentos de secuencia que los grandes estudios genómicos de población han asociado a la propensión a las enfermedades. Todavía es muy pronto para hablar de corregir esas alteraciones en los pacientes (terapia génica, o epigenética si se quiere), pero los avances pueden ser rápidos en un área distinta: la conversión de las células madre en neuronas, linfocitos, células de la piel o cualquier otro de los tipos celulares que construyen el cuerpo.
“El epigenoma es todo lo asociado al genoma que no sea la propia secuencia genética, y es tan importante como nuestro ADN para determinar la función celular en la salud y la enfermedad”, explica Gersbach. “Esto resulta obvio si se considera que tenemos más de 200 tipos celulares, pese a que el ADN es virtualmente el mismo en todos ellos; el epigenoma determina qué genes se activan en cada célula, y a qué nivel”.
La técnica crispr está revolucionando las investigaciones que buscan corregir los genes erróneos o que aumentan la propensión a las enfermedades. La variante inventada en Duke puede ahora hacer lo mismo con el 97% del genoma que alberga los interruptores de los genes. Es solo una técnica, pero de las que abren un horizonte nuevo

martes, 14 de abril de 2015

Cada persona alberga un kilo de bacterias.

Cada persona tiene en su interior alrededor de un kilo de microorganismos. Es lo que los científicos llaman microbiota, básicamente bacterias —ya hay descritas más de 1.200 especies distintas, pero seguro que aparecerán más—, pero también virus, hongos y levaduras, explica como introducción Francisco Guarner, presidente del comité científico del cuarto congreso sobre microbiota intestinal.
De este conjunto de diminutos huéspedes, la mayor parte está en el colon.
Cada persona tiene una composición única, no solo de especies, sino incluso de cepas. Su estudio y el de su impacto en la salud del anfitrión está en auge, y, abarca no solo la digestión, sino procesos inflamatorios, inmunitarios, cánceres, e incluso depresión o autismo. La mayoría son estudios en los que se observa una correlación entre la variedad y composición de la microbiota y los problemas sanitarios, pero ya empiezan a describirse mecanismos de varios de estos nexos.
Estos microorganismos también se relacionan con el sistema inmune. “La superficie intestinal tiene muchos folículos linfoides que están en contacto con la microbiota”, explica Guarner. “Cuando esta tiene mayor variedad, de alguna manera entrena al sistema inmunitario que comete menos errores”. Este mejor funcionamiento del sistema inmune afecta, por ejemplo, a la colitis irritable y a la enfermedad de Crohn.
Otra relación que se presentó es la de la microbiota con el cáncer de hígado. En este caso es más clara: las bacterias atraviesan la pared intestinal y llegan al hígado, expuso Robert Schwabe, de la Universidad de Columbia. En este caso, algunos antibióticos dirigidos podrían ayudar.
Fuera del entorno digestivo, también hay relaciones interesantes. Por ejemplo se ha visto que enriquecer la microbiota mejora la depresión en ratones, y que en niños autistas la variedad de las bacterias es muy inferior a la normal.
Muchos son estudios preliminares, pero apuntan al enorme campo que se abre con lo que los científicos califican como nuevo órgano del ser humano.














FUENTE: EL PAÍS.



Un virus podría ser la clave para vencer al cáncer.

Un grupo de investigadores logró modificar un virus que al inyectarse en el torrente sanguíneo puede ser capaz de atacar células cancerígenas en un procedimiento sin precedentes.
El virus atacó sólo a los tumores sin tocar el tejido sano cuando fue inyectado a 23 pacientes en el marco de un experimento a pequeña escala. Los resultados fueron publicados esta semana en la revista Nature.
Los científicos indicaron que algún día estos hallazgos podrían "transformar verdaderamente" las terapias.
Por su parte, algunos oncólogos afirman que el uso del virus mostró una "promesa real".
La utilización de virus para atacar al cáncer no es un concepto nuevo, pero hasta la fecha tenían que ser inyectados directamente en los tumores para evadir el sistema inmunológico.

Los científicos modificaron el virus de la viruela bovina, que es ampliamente conocido porque se usa en la vacuna contra la viruela.
El virus, denominado JX-594, depende de una vía química, común en algunos tipos de cáncer, para poder multiplicarse.
Los virus que se multiplican sólo en células cancerígenas -evitando tejido sano- son una verdadera promesa como nueva estrategia biológica para atacar el cáncer difícil de tratar"
Profesor John Bell, jefe de la investigación de la Universidad de Ottawa
Fue inyectado en diferentes dosis en la sangre de 23 pacientes con cáncer que había hecho metástasis en varios órganos.
De los ocho pacientes que recibieron la mayor dosis, siete experimentaron una multiplicación del virus en los tumores, pero no en el tejido sano.
El profesor John Bell, jefe de la investigación y miembro del cuerpo docente de la Universidad de Ottawa, indicó que están "muy contentos porque es la primera vez en la historia médica que una terapia viral ha mostrado -consistente y selectivamente- su multiplicación en tejido canceroso tras ser inyectado de manera intravenosa en los humanos".
"La inyección intravenosa es crucial para los tratamientos contra el cáncer porque nos permite atacar los tumores en todo el cuerpo en vez de hacerlo directamente en uno".
La infección provocada previno que los tumores crecieran por un tiempo en seis pacientes. Sin embargo, el virus no los curó del cáncer.
En todo caso, los pacientes sólo recibieron una dosis del virus debido a que el experimento fue diseñado para probar que no era dañino.
Se cree que el virus podría ser usado para tratamientos contra células cancerosas en altas concentraciones.













FUENTE: BBC.


Este video muestra un caso de leucemia tratada con VIH:
https://www.youtube.com/watch?v=DkTcsaKuBhg